La tristeza invade
el alma…
nos calcina los huesos
Y
la impotencia se acurruca
en nuestros ojos…
El dolor
no tiene nombre
y transita por los
cerros desolados,
sobre las ruinas
y bajo
el peso del concreto.
A pesar
de este mar embravecido
la esperanza ha salido a flote
como faro que nos guía
hacia puerto seguro.
Aunque malheridos
en nuestros sueños,
la fe se agiganta
y tiende un puente
entre las almas
de Latinoamérica y el mundo.
La solidaridad
avanza a pasos agigantados
y se prende en el alma
de los seres de luz
y mirada compasiva.
No cederemos a la
impotencia
y nos levantaremos
más allá de los confines
del universo
en pos de mejores días,
de mejores mañanas,
de verdes prados,
de playas de espuma blanca
y ojos infinitos al final de la
noche cercenadora de
la vida y sueños.
¡Fuerza Ecuador!
