Ángel Efraín Orellana Flores
Las mingas comunitarias vuelven a ser tendencia, ante la posible llegada del fenómeno de El niño. Esta práctica milenaria en nuestro país y región continental reaparece para darnos esperanza de una nueva cohesión social, de la posibilidad de unión entre vecinos; para construir un nuevo paradigma basado en el trabajo mancomunado y desprendido de intereses particulares.
Desde los tiempos de nuestros antepasados, el sistema de mingas construyó ciudades, puentes, vías y gran medida de lo que ahora hemos heredado en cuanto a infraestructura y civilización se refiere. A propósito del fenómeno natural que tendría una presencia fuerte en el Ecuador, gobiernos locales y otros organismos a nivel nacional, se han activado bajo esta modalidad, con el objetivo de prepararnos como sociedad y poder mitigar las consecuencias. En este sentido, la práctica de las mingas comunitarias de limpieza se vuelve fundamental para hacernos sentir parte de ese territorio que estamos habitando y cuidando.
Así entonces, la minga no solo es importante para la prevención de las consecuencias que puede desencadenar el fenómeno pronosticado, sino que se ha convertido en esperanza de unidad, en expectativa de recuperar el sentido de comunidad y de trabajo en equipo. Es emocionante mirar en redes sociales, escuchar y leer en los medios de comunicación; cómo las autoridades y la población, han sumado esfuerzos en un procomún. Las mingas comunitarias pueden ser el amanecer definitivo para marchar juntos como sociedad, hacia un desarrollo integral cierto.
Por otro lado, las mingas comunitarias dejan como resultado un impacto positivo en el cuidado del medio ambiente, descontaminación de ríos, adecentamiento de los cascos urbanos, recolección de basura, limpieza de solares baldíos, entre otros beneficios para la vida y la salud de las personas. Estas actividades mantienen la calidad del aire, reducen la cantidad de residuos en la comunidad y generan condiciones para el sostenimiento de la biodiversidad.
Es necesario destacar que, las mingas comunitarias no solo son responsabilidad de los vecinos, sino que debe ser una política pública, donde los gobiernos en todos sus niveles tengan como eje transversal a esta modalidad de trabajo. Así entonces, las autoridades deben promoverlas como un elemento de cohesión social y experiencia cultural, capaz de convertirnos en mejores seres humanos.
En conclusión, hay que subrayar: las mingas son una práctica efectiva, con resultados positivos en la sociedad. En esta dirección, esperamos que esta tendencia se mantenga, que el país entero se una en una minga permanente por el buen vivir.
