Bienestar Económico y Social

Paúl Maldonado

En los actuales momentos, casi la mitad de la población de nuestro planeta vive con menos de dos dólares al día. Y en algunos lugares el hecho de tener un trabajo no significa ninguna garantía de que será posible salir de la pobreza.

Debido a que el progreso ha sido lento y desigual estamos obligados a repensar y reformular las políticas económicas y sociales destinadas a reducir la pobreza para los próximos años, porque de seguir este rumbo se corre el riesgo de tener un mundo más fragmentado, proteccionista y confrontado. La persistente escasez de oportunidades de trabajo decente, inversiones insuficientes y bajo consumo provocan una erosión del contrato social sobre el cual se asientan las sociedades democráticas. Es necesario tener encuenta los compromisos de la sociedad con la promoción de la inclusión social y el empleo como condiciones esenciales para la reducción de la pobreza y el respeto a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. Para lograrlo, será necesario una adecuada reorientación del crecimiento a favor de los más necesitados. Se estima que el crecimiento medio de los países de América Latina y el Caribe para el presente año será del 1,3%, reflejando una estructura de bajo crecimiento, elevada desigualdad, instituciones débiles y mala administración. La región se enfrenta al riesgo de episodios de agitación social, por lo que las prioridades políticas deben centrarse en reactivar los mercados de trabajo, limitar las subidas del coste de la vida, mejorar la recaudación de impuestos y proteger a los grupos vulnerables, e invertir en políticas sociales bien diseñadas. La tasa de crecimiento anual de la región en la actualidad ha promediado sólo el 0,9%, no se trata sólo de un mal ciclo económico; es una trampa estructural de bajo crecimiento, alta desigualdad, instituciones débiles y mala administración. Las sociedades, exigen y esperan que los gobiernos cumplan sus promesas electorales, y que lo hagan a la brevedad posible. La sociedad quiere ver los resultados reflejados en su vida cotidiana, porque la impaciencia es grande y la confianza en las instituciones, es escasa. Existen tazas de crecimiento como: el 1% en América del Sur, un 3% en América Central y un 3,3% en el Caribe, México registrara una tasa de solo el 1,1%. Estas tasas negativas de crecimiento contribuirán poco a la creación de empleo, y no permitirán a los gobiernos crear el espacio fiscal que necesitan para mantener los gastos sociales y las transferencias, invertir en educación y crear un buen entorno para absorber los crecientes flujos migratorios. En consecuencia, la región se enfrenta al riesgo de experimentar episodios de malestar social junto a una creciente marea migratoria. Hoy los gobiernos están bajo enorme presión para obtener resultados tangibles y se enfrentan a difíciles compromisos en términos de demandas y objetivos contrapuestos. Los estilos y procedimientos de administración son importantes: los espacios políticos para el diálogo social y para escuchar y comprometerse con los diferentes grupos serán una parte esencial de la administración democrática en estas duras condiciones de crisis laboral. La calidad y la eficiencia institucional también importan: es imposible obtener resultados positivos a menos que las instituciones pertinentes tengan un mínimo de capacidades técnicas, operativas y sean transparentes y responsables. A la luz de esta situación, las prioridades clave para América Latina y el Caribe deberían ser: promover la mayor reactivación económica posible para crear empleo y dinamizar los mercados laborales; proseguir con los esfuerzos para reducir la inflación y limitar las subidas del coste de la vida; persistir en la reforma fiscal para mejorar la recaudación de impuestos y los ingresos fiscales, así como para proteger a los grupos más vulnerables de la región con políticas sociales y de empleo; y crear políticas de protección social bien diseñadas.