Santiago Armijos Valdivieso
El país no avanza a procesar el macabro asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio Valencia, ocurrido el miércoles 09 de agosto de 2023, a eso de las 18h15, en la Avenida Gaspar de Villarroel de la ciudad de Quito, al salir de un acto político en el que exponía sus ideas y su plan de gobierno.
Con su muerte: la impotencia, la indefensión, el horror, la desesperación y la desolación, cubren, como un manto negro, a todo el Ecuador; y trituran su precaria democracia, marcada por la politiquería, la audacia y la improvisación.
La indignación por el asesinato ocurrido aumenta porque Fernando Villavicencio fue uno de los pocos ecuatorianos que luchó incansablemente contra la corrupción política y la delincuencia organizada. Lo hizo, sin miedo a nada, y sin medir las consecuencias y el tamaño de los enormes tentáculos que enfrentaba.
Su inmensa y temeraria valentía para combatir la maldad, la mentira y la corrupción, insertas principalmente en el tuétano de la política ecuatoriana, le costó exilios, vejámenes a su familia, persecuciones, ofensas, agresiones y amenazas; pero sus convicciones, a prueba de todo, fueron de tal magnitud que no lo doblegaron nunca.
Aunque al apagarse su vida se pierde una de las escasas opciones presidenciales para defender nuestro despedazado y querido Ecuador; los mortíferos proyectiles no podrán asesinar su ideario de lucha contra la corrupción y la delincuencia, en todas sus manifestaciones.
Para reforzar la tesis de que las ideas de lucha contra la corrupción, sembradas y regadas con sangre por Fernando Villavicencio, no han muerto, vale referir lo que escribió Jorge Zavala Baquerizo en su libro “El proceso de Atenas” para resaltar que los grandes ideales del ser humano trascienden su vida física y limitada: “Los hombres pueden desaparecer —y de hecho están condenados a desaparecer— pero ciertas ideas tienen dentro de sí la tendencia a la inmortalidad, que se acentúa cuando sus creadores han regado con su propia sangre el medio social en donde las sembraron. Ya nadie duda que las ideas no pueden ser detenidas y arrojadas en un calabozo con grilletes para que mueran en las tinieblas de una mazmorra; no pueden ser colgadas de una soga, o empujadas contra un paredón para que desaparezcan de la vida social”.
La inmolación de Fernando Villavicencio por la patria, lejos de haber sido en vano, ha despertado una enorme ola de indignación social que, con el transcurrir de los días, se transformará en una avalancha de identificación y apoyo a las luchas que libró.
Ojalá que los añicos de democracia que quedan después de este espantoso crimen no se pulvericen por malas decisiones electorales en el proceso de este 20 de agosto de 2023.
Paz en la tumba de Fernando Villavicencio Valencia. Solidaridad para su esposa, familiares y amigos.
