La activación neurofisiológica y el sentimiento subjetivo de las palabras

Galo Guerrero-Jiménez

El ser humano está capacitado para asumir su conducta humana desde el accionar de su pensamiento que al elevarse a la categoría de lenguaje verbal, puede establecer una comunicación con sus congéneres a través de la palabra sonora, hablada y escuchada por la otredad para poner en práctica la viabilidad de comunión con nuestra civilización y, luego, en el largo historial humano, el descubrimiento de la tecnología de la escritura que vino a fortalecer y a salvaguardar el desarrollo del conocimiento y de la educación, a través de sus facetas investigativo-científicas, culturales, artísticas, sociales y de toda índole, a lo largo de la historia.

Y es que, el invento de la escritura, y con ella, el largo proceso de formación personal y de educación que el ser humano lo concibe desde la lectura como una de las herramientas intelectuales, emocionales y espirituales más dignificantes para conocer, informarse, interpretar y obtener una nueva mirada del mundo y de uno mismo como persona, porque sabe que “la lectura es uno de los procesos informativos, sociales e históricos más importantes que la Humanidad ha generado a partir del desarrollo del lenguaje. [Por lo tanto], reconocemos que la lectura es un proceso informativo especial por medio del cual un objeto A, el documento escrito, bajo cualquier soporte, entrega datos, información a un sujeto B, que los recibe, los asimila, los deforma o, simplemente, los rechaza” (Carvajal, 2023).

Sin embargo, la lectoescritura no solo es un proceso informativo y, por ende, intelectual; se trata también, según sea la información que se lea, de un componente que apela a las emociones, a los sentimientos, al afecto, a la sensibilidad y a la toma de decisiones personales, libremente asumidas; en efecto, desde la cognición el cerebro puede engendrar un pensamiento altamente emotivo; pues, como aseveran Manes y Niro: “Las emociones son episodios de cambios afectivos complejos frente a las diferentes circunstancias de la vida. Estas reacciones complejas integran diversos componentes como la activación neurofisiológica y el sentimiento subjetivo interno. Podemos reconsiderarlas, entonces, como una vía alternativa de procesamiento de información al pensamiento consciente más elaborado que orientan, entre otras áreas, el aprendizaje y la toma de decisiones en circunstancias rápidas” (2021) en las que la mente ofrece a ese lector, profundamente afectado en sus sentimientos, la libertad de pensar, por supuesto, en consideración al contenido del texto y de las circunstancias psico-socio-ecológico-lingüísticas, que el lector las vive para integrarse al mundo inmediato con el efecto cognitivo que ese texto le produjo.

En efecto, todo intento lector, debe estar revestido de la intención de descubrir algo que me apetezca llevarlo a cabo. “Precisamente por ello, junto a ese aprendizaje de las letras, hay que ir, poco a poco, mostrando el sentido de las palabras, la inmensa capacidad de ver con ellas, y su creciente posibilidad de abrir la mirada infantil, de liberarla. La educación no consiste, por muy útil que sea para otros menesteres, en poner a los niños [o jóvenes] delante de un ordenador y teclear el aprendizaje de noticias. Ese aprendizaje es una forma mecánica de variar y repetir la enfermedad del asignaturismo que ha corroído la educación” (Lledó, 2022), y que, por ende, no ha permitido formarse en la lectoescritura para un auténtico desarrollo en la educación de su contextura humana por los caminos de la moral y la razón micropolíticamente asumidos desde “la flexibilidad mental para bregar con la complejidad del mundo, sin caer en la tentación del pensamiento único (…). Deberíamos educar a nuestros alumnos para que sean librepensadores y no creyentes, para que se vean a sí mismos como interlocutores y no como portadores de la verdad” (Beruete, 2021) que supuestamente creen tener.