A lo largo de la historia son muchos los estereotipos sociales que se han creado y que han llevado a la discriminación. La desigualdad no es solo problema de una región, sino del mundo entero y existe la necesidad de ubicar a la igualdad en el centro de las agendas de desarrollo de todo país. La atención a la desigualdad es importante no solo porque es injusta sino porque es ineficiente e insostenible, no es solamente un valor ético profundo, que debe ser el objetivo final del desarrollo, sino también es un problema económico que es insostenible porque no permite promover capacidades para la innovación y la productividad. Muchas personas creen que la igualdad se trata de que todas las personas que habitamos este planeta tengamos un mismo nivel económico o social, en realidad este concepto va más allá, se trata del respeto al resto de personas, y de intentar que todas tengan las mismas oportunidades para autorrealizarse y poder hacer de sus vidas algo con significado y satisfacción.
Promover una mayor igualdad no solo ayuda a garantizar los derechos sociales y culturales de las personas, sino que es condición necesaria para acelerar el crecimiento de la productividad, internalizar y difundir la revolución digital, transitar hacia la sostenibilidad ambiental. La igualdad es eficiente porque genera instituciones inclusivas y una cultura que recompensa la innovación y el esfuerzo, fortalece las democracias y el papel del Estado en la provisión de bienes públicos, da acceso a las capacidades y oportunidades, se vuelve importante para enfrentar la revolución tecnológica y para impulsar la productividad y desarrollo. Todos los pueblos, sin distinción alguna, tienen derecho a vivir con dignidad y a gozar libremente de los frutos del progreso y desarrollo social, fundamentándose en el respeto a la dignidad y al valor de la persona, asegurando la promoción de los derechos y la justicia social, lo que requiere de la eliminación inmediata y definitiva de todas las formas de desigualdad y de explotación, de colonialismo, de racismo y de toda otra política e ideología contrarias a los principios y propósitos que percibe la sociedad. Es entonces que debemos encaminarnos a la continua elevación del nivel de vida tanto material como espiritual dentro del respeto y en el cumplimiento de los derechos sociales y de las libertades fundamentales.
