José Antonio Mora
En las sombras de la noche, donde los susurros del viento llevan ecos de temor, se esconde una verdad que se ha vuelto demasiado común en las calles de nuestro Ecuador. Aquí, donde los árboles susurran secretos y los ríos murmuran historias antiguas, la narcopolítica ha tejido una red oscura, ensombreciendo el alma de nuestra tierra.
Era una vez un país, fértil y libre, donde los sueños florecían como orquídeas en la selva. Pero ahora, esas mismas selvas susurran con miedo, y en las calles, los ojos vigilantes acechan. El eco de pasos furtivos en callejones olvidados se mezcla con el latido acelerado de corazones inquietos.
El narcotráfico, como una sombra insidiosa, se ha infiltrado en los cimientos de nuestra sociedad. Políticos y criminales, en un baile macabro, han entrelazado sus manos, bailando al ritmo de la corrupción. El poder y el dinero, esos tentáculos oscuros, se enredan alrededor de la justicia, asfixiando su voz.
En este tablero de ajedrez, somos peones en un juego perverso, movidos por manos invisibles. Nuestros barrios, antes llenos de risas y juegos, ahora resuenan con el eco de sirenas y disparos. Las madres abrazan a sus hijos, susurrando canciones de cuna que hablan de un tiempo más inocente, mientras los jóvenes se enfrentan a un futuro incierto, atrapados entre el deseo de escapar y el miedo a lo desconocido.
Pero incluso en esta oscuridad, hay destellos de luz. Voces valientes se alzan, como faros en la tormenta, desafiando el silencio. Periodistas, activistas, ciudadanos comunes, todos ellos portadores de la antorcha de la verdad, negándose a ser silenciados. Ellos son los guardianes de nuestra democracia, los defensores de nuestra libertad.
Ecuador, tierra de montañas majestuosas y ríos caudalosos, mereces un destino mejor que este. No permitamos que las sombras de la avaricia y el poder mancillen nuestra herencia. Es hora de despertar, de sacudirnos el miedo y enfrentar esta oscuridad con la luz de nuestra unidad y fortaleza.
Que este poema sea un llamado a la acción, un grito en la noche para despertar las almas dormidas. Juntos, podemos reconstruir nuestro país, devolverle su dignidad y su honor. Juntos, podemos escribir un nuevo capítulo en la historia de Ecuador, un capítulo donde la justicia, la paz y la integridad sean los verdaderos gobernantes de nuestra tierra.
