Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
La diversidad humana y geográfica del Ecuador sobre la posibilidad de disfrutar una multiplicidad de producciones culturales desarrolladas por los diversos grupos; esta gran riqueza cultural, producto del devenir histórico, se expresa en los elementos materiales e inmateriales que cobran significado gracias al sentido dado por las colectividades.
En cada época las sociedades interrogan el pasado de manera diferente y selecciona de este pasado ciertos bienes y testimonios, cómo testigos de la forma en que una sociedad o cultura se relaciona con su ambiente.
De este modo, el registro patrimonial documental sobre la cultura material, espiritual, científica, histórica y artística de épocas pasadas y del presente y permite identificar las referencias culturales constitutivas de una identidad cultural común, cuya preservación y desarrollo son esenciales.
Y es que no hay sociedad posible sin identidad, ni identidad sin memoria. La identidad, entendida como el conjunto de valores, tradicionales, símbolos, creencias y modos de comportamiento, funciona como elemento cohesionador de un grupo social; la memoria como fenómeno social estructurante, no se encuentra solamente en los recuerdos de sus miembros, si no que se encuentra también en las huellas que el pasado deja, sean estos objetos (casas, muebles, yacimientos arqueológicos, fotografías, escritos, etcétera) o prácticas sociales (juegos, fiestas, tradiciones orales, canciones, etcétera).
La materialidad de las huellas dejadas y las prácticas sociales se constituyen en dispositivos de activación de la memoria y permiten a los pueblos construir sus propias narrativas y representaciones del pasado, con lo cual dan coherencia a su devenir colectivo y alimentan sus sentidos de pertenencia.
Por ello, el registro de los bienes culturales que responden a preguntas simples cómo: qué tenemos, dónde lo tenemos, es un proceso esencial para la definición de políticas de manejo, gestión y protección de capital cultural; para el mayor conocimiento del entorno que tenemos y la orientación de su intervención para la creación de estrategias de educación ciudadana, dirigidas a fortalecer la identidad, el sentido de pertenencia, el aprecio de lo propio recibido como herencia y la capacidad para hacer de esta herencia un factor de enriquecimiento personal y colectivo; del progreso material y moral de las sociedades.
Hoy, todos tenemos la responsabilidad y el compromiso de salvaguardar y proteger estos bienes para el conocimiento, el uso y disfrute de las futuras generaciones.
Basta recordar al respecto, que tan solo en Quito, la municipalidad detectó a inicios de la década de 1990 alrededor de 4500 edificaciones de valor y el Banco Central del Ecuador cuenta con un catastro cercano a los 500000 bienes.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. # 1100310455
