La narcoviolencia golpea la calidad educativa

Con frecuencia al hablar de la calidad de la educación se piensa casi exclusivamente en los aprendizajes que los estudiantes alcanzan mientras permanecen en las aulas, sin embargo, la calidad educativa también tiene que ver con la existencia de ambientes sanos para la coeducación, es decir, que además de los objetivos escolares hay que propiciar la generación de ambientes físicos e interaccionales saludables.

La Unión Nacional de Educadores denunció el ingreso de personas armadas a las clases virtuales. Suceso que el Ministerio de Educación reconoció haberse dado en varias provincias, minimizando las amenazas dijo que hará un seguimiento para establecer protocolos de seguridad. El hecho es que, padres y madres de familia pidieron al gobierno que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional hagan patrullajes permanentes a fin de garantizar las condiciones adecuadas al momento de regresar a la modalidad presencial.

Para nadie es desconocido que, en los últimos tiempos, los niños de escuelas y colegios reproducen esquemas de violencia, convirtiéndolos en parte de la vida cotidiana y provocando la extorsión hacia sus compañeros y maestros, o bien involucrándose en pandillas que al igual que en las cárceles, al interior de los planteles controlan ciertos bloques de aulas para el despojo de pertenencias, venta de drogas al menudeo e incluso para el cobro de vacunas. Algunos maestros saben que esto es una respuesta de los niños y jóvenes a las situaciones de inequidad y pobreza en sus entornos; y de eso tiene que hacerse cargo el gobierno.

La verdad es que este complejo problema hay que verlo más allá de la visión inmediata, la del miedo a la violencia. Es necesario escarbar las raíces de la desorganización brutal y continua de la familia y del sistema social que ha perdido la integridad de los valores humanos. Esta desorganización que al interior de las escuelas crece debido al deterioro de los lazos de confianza y apoyo dentro y fuera de los hogares, lo que hace que los jóvenes vean más fácil acercarse a personas antisociales y, hasta sentir cierta admiración por delincuentes y capos que el Estado ha convertido en “líderes”.

Los medios de comunicación han profundizado en cómo la violencia relacionada con la guerra contra el narcotráfico ha permeado la vida escolar y como las escuelas se han visto afectadas por grupos criminales vinculados al narcotráfico, poniendo a prueba la capacidad de consolidarse como instancias de formación. Estas magras condiciones han hecho crecer la desesperanza, el sentimiento de inseguridad y el malestar del profesorado, lo que hace que todo esfuerzo parezca ser insuficiente. Lo cual no significa que los docentes hayan abandonado su responsabilidad de educar.

Finalmente, el aumento de la narcoviolencia ha sorprendido a toda la comunidad educativa denotando una falta de preparación para responder ante la inseguridad, de tal manera que el narcotráfico ha venido a redefinir la calidad educativa y las condiciones de sobrevivencia en los planteles escolares.