Mujeres, liderazgo y desarrollo

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Es tiempo de mujeres y por lo tanto hay que analizar las experiencias y prácticas feministas relevantes en Loja, observar su liderazgo estratificado y reflexionar sobre la dinámica de un desarrollo alternativo, ahora lo explico:

La razón es que en Loja existe poca industria, pero abundan microempresas, por no decir, microemprendimientos, que son pequeñas plazas de empleo ocupadas por pocas personas y generalmente familiares.

Así hay mujeres en comercios informales, en espacios artesanales, y actividades agrícolas; aquellas son sostén de familia y redefinen las categorías clásicas del liderazgo marcado por género, superando la idea del hombre como el perpetuo sostén del hogar.

¿Cómo enlaza liderazgo con desarrollo? Para arrojar luz sobre esto, hay que sacar el liderazgo familiar del ámbito “privado” y colocarlo en un lugar “público”, de esa forma, concebirlo como propulsor de desarrollo. Es decir, desmenuzar los esfuerzos de colectivos de mujeres con el fin de asegurar la subsistencia familiar y barrial. Esas acciones condensan un “un saber hacer”, que se va construyendo y realimentando con el tiempo, y que se sustenta en experiencias sobre la labor, y en materia comunitaria (también).

Mi observación alcanza a grupos de mujeres que se organizan para aprender, afinando técnicas para el hacer manual y comercial; pero también, aprendiendo a juntarse, y entendiendo “¿para qué soy buena?” y “¿cómo aporto mejor al grupo?”, especialización social.

En mis entrevistas, dice Martha: “Yo antes trabajaba de doméstica, pero mi patrona no daba vacaciones ni por Navidad, decía que no soy empleada pública, y nada de décimos, menos seguridad social. Cuando le reclamaba, decía: nada, yo te doy hasta el papel higiénico. Yo respondía: voy a hablar y defender los derechos de la gente, ella gritaba: ¿Entonces, qué haces acá? Por esto, me hice vendedora de fruta, soy independiente y gano, aunque sea poco”, aclara Martha.  

Así mismo, hay liderazgo en los procesos de organización colectiva, que se gestan en barrios periféricos, donde para el acceso a servicios públicos como: agua, luz, recolección de basura, alcantarillado, etc., se necesita gestión comunitaria, que generalmente es representada por mujeres.

De este enfoque de desarrollo me preocupo aquí, pues, hay que atribuirles a ellas, aquellas excluidas, la capacidad de actuar de forma autónoma y competente y de esta manera construir desarrollo local. Mi propuesta descubre en las acciones de mujeres que luchan, que se organizan, aunque dedicadas a actividades elementales, la proyección de liderazgos capaces de cambiar un destino precario por desarrollo. Esto no es feminismo de gritos sino de acciones.