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Las diferentes crisis que vivimos los ecuatorianos, en la mayoría de las veces, nos aplastan de tal manera que nos sentimos derrotados y no sabemos que hacer. Nos sentimos tan impotentes que no encontramos un camino para recuperar nuestros sueños. Afortunadamente, la vida y la historia nos ayudan a no perder la esperanza, porque como dicen los sociólogos “cuando la noche es más oscura, aparecen rayitos de luz que nos anuncian el amanecer”.
Para profundizar en el tema, vamos a reproducir algunas reflexiones del padre Pedro Pierre:
“En estos tiempos de confusión y de desorden generalizado buscamos una brújula que nos indique la dirección correcta. Ya han pasado más de 4 meses desde la elección del presidente Daniel Noboa y no asoma ningún plan de gobierno que nos asegure la salida del desempleo masivo y la tranquilidad ciudadana. La declaración de ‘guerra interna’ no es más que una persecución a los jóvenes que tienen la mala suerte de tener algún tatuaje. Mientras tanto se fugan de su cárcel dos de los mayores jefes de las bandas narcodelictivas. Tampoco se ha limpiado en la policía y en el ejército los elementos vinculados al tráfico de drogas.
Lo peor de todo es la entrada de militares norteamericanos en total libertad de movimientos y actividades, y sin control de ninguna clase porque todos tienen inmunidad diplomática.
Parece que la consulta popular del próximo abril no es más que una cortina de humo para escondernos estas situaciones alarmantes y entretenernos sobre asuntos secundarios. La Asamblea Nacional bien hubiera podido legislar sobre lo que nos plantean las 10 preguntas y ya lo está haciendo con la mayoría de ellas en los proyectos de leyes que está tratando en estos mismos días.
Por este motivo es tiempo de dedicarnos a lo que verdaderamente necesitamos. Entre las grandes opciones para que empecemos a ser un país donde se puede vivir mejor, está la decisión de tener una gran pasión por la vida y por toda la vida. Tenemos a la mano la posibilidad de conocer lo que nos engrandece y nos empodera de lo que es nuestra responsabilidad, y no sabemos aprovecharlo. Preferimos distraernos con asuntos superficiales y dañinos, individualistas y materialistas, en vez de esforzarnos por lo que verdaderamente vale la pena y nos hará feliz. ¿Tenemos una pasión por la vida que dé sentido a lo que creemos y por la cual luchamos?
¿O preferimos una vida falsamente tranquila, porque somos flojos y cobardes? ¿O nos gusta más el dinero fácil a costa de los demás? ¿O nos quedamos en una vida sin vida, sin ningún gozo que nos haga vibrar y nos lleve hacia nuevas ilusiones y nos abra, para nosotros y los demás, horizontes insospechados? ¿Apostamos por la amistad y la solidaridad en vez del individualismo y la indiferencia?
Estamos llamados y llamadas a ser gentes grandes, con manos y corazón abiertos, con mente curiosa y creativa, con voluntad y temple firmes. Las dificultades, las crisis y las tentaciones no son más que desafíos a enfrentar decididamente y superar tenazmente. El miedo no puede ser nuestro compañero de camino, porque nuestras capacidades, carismas y talentos son mucho más que nuestros miedos. Hace poco leí de un tal Eduardo Chillida: «Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo». Para decir adiós al miedo y a la pequeñez, ¡que nuestra dignidad y la de los demás sea la pasión de nuestra vida! O, lo que es lo mismo: “Sé tú mismo, los demás puestos están ocupados” (Oscar Wilde)”.
