Efraín Borrero E.
Gabriel García Márquez decía que “La vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.
Como muchos de ustedes considero que la etapa de vida que más recordamos es la juventud, porque estamos dotados de energía, creatividad e ideales transformadores para construir un futuro prometedor, por eso supervive en nuestro espíritu a pesar de los años transcurridos
Es ahí cuando decidimos afrontar la vida con decisión y optimismo. Nuestro patrón de comportamiento, pensamiento y emociones se van transformando, incluyendo las relaciones sentimentales. No cabe duda que fue una época maravillosa.
En esa etapa de vida cursé mis estudios en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de Loja. Conocí nuevas amistades que se han conservado entrañablemente a lo largo del tiempo.
Reinaldo Valarezo García fue uno de los más destacados compañeros. Puedo decir con certeza un gran compañero: por su inteligencia, cordialidad y amistad. Pronto ejerció la docencia en la misma Facultad y, posteriormente, el rectorado de la Universidad durante el período del 7 de mayo de 1993 al 9 de julio de 2003. Años más tarde asumió la conducción de la Universidad Internacional del Ecuador, sede Loja.
Otro compañero que recuerdo con afecto es Adolfo Coronel Illescas, a quien los estudiantes de esa promoción encomendamos la tarea de rescatar uno de los eventos culturales más importantes que ha tenido Loja: El Festival de la Lira y la Pluma Lojanas, cuyo gestor fue el recordado José Jacinto Tabango Andrade, allá por el año 1963, y que en sus palabras el mentor del nombre fue Oswaldo Espinosa.
El Festival de la Lira y la Pluma Lojanas que tanto prestigio dio a Loja a lo largo y ancho del territorio nacional, surgió de la energía, creatividad e ideales de los estudiantes de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de Loja, en circunstancias que Jacinto y sus compañeros cursaban el sexto año de estudios. Ellos marcaron el sentido de pertenencia de tan reconocido y afamado Festival.
Evidentemente que su impacto incidió en las estructuras socio culturales de la ciudad de Loja, y cada una de las ediciones era esperada con gran expectativa, especialmente por las categorías que lo conformaban: composición musical creativa, interpretación musical y danzas folklóricas, con énfasis en la composición. Una de las condiciones fue que el concursante debía componer un pasillo cuya letra diera realce a la vida, costumbres y sentimiento de los lojanos. Posteriormente se fueron ampliando las categorías.
Cuando cursamos el sexto y último año de estudios, en el período lectivo 1969- 1970, consideramos que Adolfo Coronel era el compañero idóneo para asumir la responsabilidad que nos correspondía y para ponerse al frente de las tareas necesarias. Unánimemente decidimos designarlo presidente de la Comisión Organizadora de la Octava Edición del Festival de la Lira y la Pluma Lojanas. El éxito fue total gracias al denuedo, abnegación y sacrificio que Adolfo imprimió a todas sus acciones.
Lamentablemente, el Festival de la Lira y la Pluma Lojanas desapareció hace algunos años por falta de entusiasmo e inercia de los estudiantes de la Facultad de Jurisprudencia. Probablemente ni siquiera se conozca de aquel acontecimiento cultural.
Pienso que es indispensable rescatar ese Festival con las mismas connotaciones de tiempos pasados. La Universidad debe ser protagonista en ese empeño, pero si no es así tendrá que hacerlo alguna otra institución local, mirando el interés cultural colectivo; por ejemplo: la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Loja.
La planta docente durante mis seis años de estudio estuvo integrada por ilustres jurisconsultos que marcaron una época de oro en la Facultad de Jurisprudencia, como los doctores: Juan Cueva Serrano, Rubén Ortega Jaramillo, Juan Francisco Ontaneda, Miguel Ángel Aguirre Sánchez, José Miguel y Alfredo Mora Reyes; Marco Aguirre Apolo, Manuel Aguirre Asanza; Jorge Hugo Rengel Valdivieso, José María Vivar Castro, Ernesto Rodríguez Witt, Tomás Aguirre Ruiz, José María Bermeo Valdivieso, Carlos Armijos, Enrique García Valdivieso, Francisco Peña Celi, Jorge Suárez Burneo y José María Sánchez Luzuriaga, quienes dieron brillo a la institución y fueron guía de valores.
De entre ellos cuatro fueron rectores del alma mater: Juan Francisco Ontaneda Castillo, Alfredo Mora Reyes, Miguel Ángel Aguirre Sánchez y José María Vivar Castro, cada uno con destacada y meritoria trayectoria de gestión.
El insigne escritor e historiador lojano, Alfonso Anda Aguirre, nacido el 28 de agosto de 1919, también fue mi profesor en la asignatura de inglés. Cuando ingresé en 1964 él era estudiante del segundo curso; es decir, tenía esa doble calidad. Se graduó de abogado en la misma Facultad en 1972 y luego se vinculó a la Función Judicial en Quito y Cotacachi.
Alfonso había seguido los estudios religiosos en el Cuzco obteniendo el título de Doctor en Teología y Filosofía. Fue un hombre incansable para el estudio de la historiografía y la investigación de fuentes primarias. En esa etapa de su vida escribió algunas obras como Fray Martín Anda Aguirre O.P.; por ejemplo: “Primeros vecinos de Loja: a Loja en el IV centenario de su fundación”, y “El capitán Alonso de Mercadillo y el IV centenario de la fundación de Loja”.
Fue siempre un aficionado a la historia y a la investigación sobre todo de nuestra tierra lojana. Confesó alguna vez que su recuerdo es pensar en Loja y vivir por Loja.
Desde que inició su apasionante carrera de escritor e historiador en el año 1948, Alfonso Anda Aguirre ha publicado más de 15 libros.
Por su brillante trayectoria fue acogido como Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Ecuador y de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. La Real Academia de Historia de España también lo nombró Miembro Correspondiente.
Reconociendo su importante aporte a la cultura fue condecorado al Mérito en el Grado de Caballero por el Consejo Supremo de Gobierno, en agosto de 1978, y recibió la Condecoración “Medalla de Oro Manuel Benjamín Carrión” por parte del Ilustre Municipio de Loja, en noviembre del 2001.
Cuatro de mis maestros universitarios accedieron meritoriamente al honroso cargo de ministro Juez de la Corte Suprema de Justicia, hoy Corte Nacional de Justicia: Rubén Ortega Jaramillo, Alfredo Mora Reyes, Jorge Hugo Rengel y Miguel Ángel Aguirre Sánchez, quien además la presidió, conformando el grupo de doce distinguidos abogados lojanos que a lo largo del tiempo dieron lustre a la más alta dignidad de esa Corte. Caso digno de resaltar es el de Paulina Aguirre Suárez que ha sido la única mujer en ostentar tal dignidad.
Otros destacados maestros universitarios de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de Loja, como Bolívar Guerrero Armijos, Luis Cueva Carrión y Ricardo Hernán Acevedo Cortez, de los que recuerdo, también ejercieron la magistratura en la Corte Suprema de Justicia.
A Ricardo Hernán Acevedo lo recuerdo con afecto. Conozco por sus encantadoras hijas: Luz y Beatriz Acevedo Palacio, que fue hijo del distinguido Coronel Ricardo Acevedo Pazmiño y que en la época del conflicto bélico con el Perú fue transferido a la plaza de Loja. Aquí se formó profesionalmente y conoció a la dama lojana Fara Marina Palacio Palacio, en cuyo matrimonio procreó seis hijos.
Escribió sobre temas de Legislación Agraria y de Interpretación del delito a través del materialismo dialéctico e histórico. En la Facultad era profesor de Historia del Pensamiento Económico.
Nacido el 24 de febrero de 1920, de raíces esmeraldeñas, Ricardo Hernán Acevedo Cortéz conquistó el corazón lojano con su gentileza, hombría de bien, generosidad de espíritu, respeto y amistad sincera, que fueron sus grandes y relucientes cualidades.
