Igualdad yuxtapuesta al sentido del ser

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Hoy quiero compartir esta reflexión acerca de cómo avanza la igualdad en tanto que el humano es más humano, mi argumento se basa en analizar algunos episodios de la vida diaria, con los que he podido entender, cómo se siente la igualdad en algunos sectores de la sociedad. Estas impresiones son necesarias, sobre todo cuando las acerco lo suficiente para entender en qué consiste aprender a vivir sin estereotipos de género, ahora lo explico:

Érika es una joven de veintitantos años de edad, está casada y tiene tres hijos.  Ella es mi clienta en la consultoría que desarrollo cotidianamente, por esto, nos conocemos. Un día llega por mi oficina, está sudada y portando ropa deportiva, le pregunto de dónde viene, ella responde del indor femenino. ¿Le gusta jugar ese deporte?  ¿No es muy grosero para mujeres?, —le digo.  Ella explica: Es un juego de menos tiempo que el fútbol normal, lo practicamos, pero, no nos agredimos, no hay golpes ni patadas intencionales.  Soy delantera y tengo una mujer del equipo contrario ejerciendo la marca, yo esquivo con rapidez, mi marca me sigue pero no me topa.  Cuando, vemos que las jugadas son peligrosas, sacamos de cancha el balón para que se produzca el tiro de esquina, aunque es una pérdida de tiempo, que valdría para perseguir el gol, se evita el peligro.  Este es un proceso, que lo respetamos al máximo.  Creo, que se adapta como deporte para humanos, —dice Érika—.  

Hasta hace dos décadas atrás, ni se imaginaba a mujeres en la cancha de indor fútbol, hoy la igualdad es en términos prácticos.

Junto a esta corta historia está la de Vicente, ahora papá soltero.  Cuenta que su exesposa lo dejó con un hijo de tres años de edad.  En circunstancias que no había quién cuidara al niño, decidió hacerlo por él mismo.  Así, un vecino, le sugirió demande por abandono.  La demanda tomó curso contra ella. El juez dictó sentencia, mandando a que la infractora pague pensión alimenticia para esposo e hijo.  Igualdad ante la ley, frente a la cual, todos somos iguales.  

Asimismo, junto a lo anotado está la historia de Vinicio, separado por mutuo acuerdo de su esposa, pues, era maltratado.  Se despidieron con la condición de que él cuidara al hijo de diez años de edad.  Ahora, a más de la profesión hace labores tales como: a las 5:30 AM., prepara desayuno y luego envía al niño al colegio.  Al medio día, lo recoge del colegio y van a hacer el almuerzo.  En la tarde, apoya las tareas escolares. Al finalizar la tarde, si hay obras por entregar, el niño acompaña al padre, si no van juntos a jugar. Así, Vinicio hace una vida normal, sin mujeres.  La igualdad parece también florecer en esas circunstancias. Según mi tesis, el sentido del ser está yuxtapuesto a la igualdad, que no rivaliza con nadie.