Por: Sandra Beatriz Ludeña
Para hablar de esta dicotomía me refiero a Marx y su conclusión en su crítica al capitalismo y concomitantemente a las relaciones mercantiles: la humanización del ser humano, el reconocimiento mutuo de los seres humanos como seres naturales y necesitados, y el consiguiente respeto por el circuito natural de la vida humana, que están más allá de las relaciones mercantiles y de aquella empírea que nos refleja una imagen de realidad impregnada por las relaciones mercantiles como su marco categorial.
Quiero decir, que más allá de los intereses que forjan la humanización/deshumanización del ser humano apunta hacia algo más allá de las relaciones mercantiles, —aunque ese futuro de un proyecto de sociedad por realizar, sin mercado y sin Estado, sea una utopía—, entonces la humanización está por detrás de la empírea como realidad por reivindicar.
Esa reivindicación ciertamente está en conflicto con el mercado, pero sin poder disolverlo o reemplazarlo. Es decir, en estado inercial, la lógica del mercado total destruye al ser humano y a la naturaleza, por eso hace falta una actividad racional para reivindicarlos.
Tal actividad racional no puede ser un cálculo mercantil, ni su racionalidad radica en el medio-fin, ya que las relaciones mercantiles son inevitables, el respeto del circuito natural de la vida implica multiplicidad de acciones de la sociedad civil, que tiene que arrastrar el propio Estado, por esto, es lógico entender las medidas proteccionistas de riesgos de trabajo.
Esta mediación del Estado, solo llega a tener sentido, si analizamos que debe articularse conforme la necesidad de integrar el mercado con el circuito natural de la vida humana, qué quiero decir con esto, lo explico con esta historia:
Conozco a Juan, es repartidor de gas doce horas diarias, de lunes a sábado. Juan conduce un camión que lleva parlante encendido con sirena para alertar la presencia del gas de uso doméstico y así puedan adquirirlo.
Él trabaja en esto algo más de cuatro años, dice que los días libres en su cerebro oye el mismo sonido de la sirena, de los otros días, la diferencia es que el sonido en días libres es imaginado. Cuando le pregunto si piensa que eso es normal, dice que sabe que no es normal, pero que no le causa mayor molestia. Esto es un riesgo de trabajo que seguramente significará una enfermedad profesional y la interrupción del ciclo natural de la vida.
La actividad de normar las prevenciones y medidas de seguridad para el cumplimiento de labores existe, pero no se ha explicado para qué sirve. Que distinto sería si la empresa para la que trabaja Juan le diera orejeras y evitan el riesgo. En ese caso, la actividad racional que se espera no es solo del Estado, también la de la sociedad civil y la del propio afectado.
