Esta vida agitada que llevamos
llena de compromisos y de estrés,
nos absorbe y de pronto hace que hagamos,
las cosas sin sentido y al revés.
Vivimos apurados, tan de prisa
sin saber en qué día nos encontramos,
ya no nos damos tiempo de ir a misa,
y hasta del mismo Dios nos olvidamos.
Casi ya no nos vemos entre hermanos
nos hemos vuelto a ratos inhumanos,
no saludamos ya con el amigo.
Y en las calles, apenas si le alzamos
la mano, ni de broma preguntamos,
como estay que aflicción lleva consigo.
Acf.
