Efraín Borrero E.
Hernán Alberto Gallardo Moscoso fue un normalista nacido el 3 de mayo de 1903 en Píllaro, provincia de Tungurahua, que llegó a esta acogedora y cosmopolita tierra lojana por 1936 para desempeñarse como Visitador Escolar, cargo que luego se denominó Supervisor de Educación. En 1942 se casó en segundas nupcias con la dama lojana Elena Ayala Jaramillo procreando cinco hijos.
Su jovialidad y don de gentes le permitió ganar muchos amigos, y en su entorno laboral y social era muy apreciado, porque además tocaba el piano con maestría, arte que lo practicó desde su adolescencia, especialmente cuando en su vida aventurera viajó a Guayaquil para trabajar de pianista y luego se embarcó con el mismo propósito en un mercante chileno que viajó a los puertos de China y Japón, en 1920, como asegura Rodolfo Pérez Pimentel quien escribió una detallada biografía sobre el personaje.
Con Carlos González, Emiliano Ortega, Benjamín Bayancela, Carlos Endara, Eloy Vaca y Virgilio Abarca, conformó el respetable grupo de supervisores de educación que dio mucho prestigio al proceso educativo en Loja.
Años más tarde vinieron otros forasteros para ejercer iguales funciones; se afincaron en Loja y adoptaron la lojanidad en forma entrañable haciéndola parte de su vida. Aquí contrajeron matrimonio con respetables mujeres lojanas y formaron sus hogares.
De los que recuerdo puedo mencionar a Luis Fidel Arroyo Naranjo, nacido en Cuenca, casado con Zoila Isabel Cabrera Lozano. Uno de sus mayores logros fue la creación de la Escuela Fiscal de Niñas “Ciudad de Loja”, en la parroquia El Sagrario, y no menos trascendente fue el establecimiento de la Librería Ecuador, la más importante de Loja, que luego de su fallecimiento estuvo a cargo de su hijo Luis Estuardo Arroyo Cabrera.
Luis Fernando Velastegui Unda, nacido el 12 de febrero de 1912 en la parroquia de San Luis de Otavalo, quien fue nombrado Supervisor de Educación de la provincia de Loja el 28 de diciembre de 1949. Contrajo matrimonio con la ilustre gonzanameña Luz Victoria Herrera Sánchez; y, Fausto Honofre Zurita Córdova, nacido en Ambato el 3 de enero de 1934, casado con Ruth Marlene Alvarez Alvarez el 3 de octubre de 1964.
En aquellos tiempos los Supervisores de Educación fueron funcionarios muy representativos, ya que su responsabilidad era asistir y acompañar a los colectivos docentes en la mejora de sus prácticas; movilizarlos en la búsqueda de soluciones a los problemas educativos; generar ambientes propicios para el aprendizaje y propender al mejoramiento del desempeño profesional, cumpliendo así metas institucionales.
A los ocho años de haber asumió sus funciones, Hernán Gallardo creó en Loja la campaña de alfabetización, en el marco de la cruzada alfabetizadora que se dio a nivel nacional, entre 1944 y 1961, bajo la coordinación de dos instituciones no gubernamentales: la Unión Nacional de Periodistas, en la Sierra, y la Liga Alfabetizadora de Enseñanza del Litoral, en la costa.
Fue un proyecto social de enorme trascendencia, cuya ejecución, además, permitió a Hernán Gallardo la posibilidad de conectarse con el pueblo y las comunidades indígenas, recopilando sus costumbres y pasado ancestral.
Ese empeño respondía a su vocación como educador y a sus convicciones ideológicas, ya que desde 1928 militaba en el Partido Socialista. También tuvo la gran influencia del maestro y sociólogo Belisario Quevedo Izurieta cuando cursó la secundaria en el Colegio Vicente León de Latacunga, quien le inculcó su afición por la historia.
Siendo un cultor de las letras, Hernán Gallardo escribió entre 1938 y 1948 un volumen de poesía infantil titulado “Hilos Claros” y “La Escuela Rural Ecuatoriana”. Editó tres Guías Didácticas para las escuelas rurales ecuatorianas que tuvieron gran acogida, y dirigió la “Revista Pedagógica” de la Dirección Provincial de Educación de Loja.
Fue un hombre apasionado en sus tareas. Dice Pérez Pimentel que en 1948 trabajó un tiempo en la zona fronteriza con el Perú y fue el primero en hacer un censo sobre la producción de café del cantón Puyango. Esa grata experiencia le sirvió para escribir una importante monografía cantonal titulada “Puyango es así”.
La producción literaria e investigativa de Hernán Gallardo es abundante y lo consagra como un eminente antropólogo histórico. Bien puedo asegurar que para abordarla de manera exhaustiva se necesitaría un voluminoso libro.
Sus obras están apegadas a sus convicciones y son el producto de la lacerante realidad rural que conoció a través de sus permanentes visitas a cada rincón de la provincia de Loja.
También escribió “La Provincia Amazónica de Zamora-Chinchipe y sus Shuaras”, cuando ya jubilado fue contratado por Predesur como bibliotecario de esa institución, lo que le brindó la oportunidad de realizar numerosos viajes por el interior de esa región amazónica.
Entre sus obras se destacan: “Fisonomía de Loja”; Mil años de cultura aborigen”; “Paltas, Incas y Viracochas: historia de los vencidos”; “Presencia de Loja y su Provincia: antropología social”; “Historia social del sur ecuatoriano”; “Mensajes de Desventura”; “Pedagogía Folklórica”, “Música, canciones, bailes, negros, quichuas, shuaras, etnomúsica y folklore”; “El folklore de la salud en la provincia de Loja; «Memorial de Chañan Curi», y “Estirpes derrotadas”, un estudio sobre las comunidades indígenas lojanas, considerado como el mejor ensayo del año 1974.
Mantuvo inéditos numerosos trabajos, uno de los cuales: “Morfología de la cultura ecuatoriana” obtuvo en 1983 el Primer Premio en el Concurso Nacional de Historia promovido por el Ministerio de Educación”.
Pero su mayor obra, como reconoce Pérez Pimentel, fue “Cuatrocientos años de cultura lojana”, un libro editado en 1977 de enorme trascendencia; ensayo magnífico y no superado; catálogo comentado y crítico de hechos y personajes que han aportado a las letras, las artes y las ciencias desde la provincia de Loja. El Instituto Hiliar de Guayaquil lo declaró el Mejor Libro del Año.
Fue colaborador de los ilustres antropólogos Alfredo Costales Peñaherrera y Piedad Samaniego de Costales, en estudios sobre el folklore literario lojano. En algún momento declaró que esa magnífica relación le permitió ser considerado el primer folklorista literario de Loja”.
Su labor como antropólogo histórico en Loja estaba encuadrada en la investigación de los lugares donde estuvieron los primitivos asientos humanos precolombinos y en el diálogo sostenido con las comunidades. Nadie como él ha llegado a conocer tan íntimamente el sentimiento y la inteligencia campesina lojana en los tiempos contemporáneos, resalta Pérez Pimentel.
El destacado abogado, periodista, escritor y docente universitario, Arturo Armijos Ayala, escribió en 1978: “Hernán Gallardo Moscoso ha sido cultor de las letras desde su juventud; y, cosa admirable, torrencialmente diríamos, en el ocaso de su fructuosa vida. Y cosa más admirable aún, advertir que toda su vasta obra, provechosa en la extensión de la palabra, ha tenido por fuente de inspiración y creación a Loja ciudad y provincia, a las que ama como un hijo de nuestra ilustre y encantadora tierra”.
Viajó a varios eventos culturales, antropológicos e históricos realizados a nivel nacional e internacional, y fue condecorado con la Medalla “Premio al Mérito” entre los cien mejores maestros del país, por la educación primaria.
Hernán Gallardo no olvidó cuando Pío Jaramillo Alvarado le impuso la insignia de oro de la Unión Nacional de Periodistas, en un acto especial realizado en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el día 5 de enero de 1968, por ser uno de los fundadores del Núcleo y por su labor de 16 años en la campaña de alfabetización.
Cuando fue rector de la universidad su amigo José María Vivar Castro, dirigió la Editorial Universitaria de Loja, y con Edgar Palacios, quien ejercía la Dirección del Conservatorio Nacional de Música de Loja, organizó y condujo un taller de reparación y construcción de instrumentos musicales.
Falleció el 6 de enero de 1991 dejando un legado cultural de alta contextura, por eso Loja le ha rendido justo homenaje de reconocimiento y gratitud designando con su nombre a un prestigioso colegio y a una importante calle de nuestra querida ciudad.
