APORTE A LA AGRICULTURA LOJANA: SURGIMIENTO DE LA AGRICULTURA

Leonardo Chamba H.

FOTOGRAFÍA DE CHIRIMOYA. Frutas de chirimoya, cantón Espíndola

Continuación I. Buena parte de los científicos sostiene que la agricultura surgió como producto de descubrimientos hechos al azar; quienes “inventaron” la agricultura no sabían bien lo que hacían. Por ejemplo, el papel de las semillas en la reproducción de las plantas fue un descubrimiento hecho por las mujeres que las recolectaban, pero eso requiere observación cuidadosa, no mero azar.

Por otro lado, las formas de ir seleccionando, combinando cultivos, cruzando plantas, determinando las fechas de siembra, inventando herramientas, probando sistemas de riego, creando diversas formas de uso, no pueden surgir por pura suerte, accidente o coincidencia, sino que son fruto de la experimentación reiterada, de la observación y una cuota no menor de inventiva e ingenio. El azar y la suerte son factores presentes en todo aprendizaje, pero sólo se pueden aprovechar si hay quienes observen con atención y luego apliquen lo aprendido de manera creativa y cuidadosa. Hace como 30 mil a 20 mil años atrás, que las mujeres de distintos lugares del mundo ─responsables en esos entonces de la recolección de alimentos─ comenzaron a cuidar y después a sembrar plantas silvestres que eran de especial interés para la alimentación y la medicina, o para la obtención de madera y fibras, para posteriormente pasar a seleccionar semillas de las mejores plantas e iniciar así el camino de la domesticación. Hace 12 mil-10 mil años, las mujeres ya cultivaban plantas domesticadas en al menos cuatro regiones del mundo: el llamado Creciente Fértil (zona que abarca a Irán, Irak, Siria, Palestina, Israel, Egipto, Líbano y Turquía), China, Nueva Guinea y Mesoamérica (México y Centroamérica). Unos 4 mil a 2 mil años más tarde, las mujeres ya habían domesticado cultivos alrededor del mundo, y se destacaban ocho regiones más: Sahel Africano, Etiopía, África Occidental, Sur de Asia (principalmente India), Sudeste Asiático, Sudeste de Norte América, los Andes Centrales (Perú, Bolivia, Ecuador, Norte de Chile y Argentina) y Amazonía (Colombia, Brasil, Ecuador y Perú). Uno de los aspectos más interesantes de este proceso es que las mujeres de las distintas regiones fueron cuidando, domesticando y creando formas de cultivar sin saber lo que pasaba en otras regiones. Incluso, se cree que, dentro de cada zona, los primeros cultivos y su domesticación también se desarrollaron a través de procesos múltiples y al menos parcialmente independientes entre sí. Por ejemplo, el trigo fue domesticado de manera paralela en distintos lugares del Creciente Fértil; el poroto (frijol o fréjol) y el tomate tanto en Mesoamérica (México) como en los Andes centrales; el cerdo habría sido domesticado independientemente en el Creciente Fértil, en Nueva Guinea y en China (Vía Campesina).

De lo arriba expuesto, recuerdo que, cuando fui estudiante en la Facultad de Ciencias Agrícolas de la UNL, a varios profesores les escuché decir que, como resultados de los viajes exploratorios que habían efectuado al cantón Espíndola, pudieron formular la hipótesis de que este territorio podría ser parte del lugar de origen de la “chirimoya”, como lo afirmaba el botánico ruso Nicolai Vavilov, quien propuso a principios del siglo XX que en el mundo existían ocho centros de origen de las especies cultivadas, siendo el octavo lugar los Andes en Sudamérica, y enunciando que la chirimoya se originó en el área comprendida entre el actual Perú y Ecuador.

Por otra parte, cuando en mi infancia mi padre me llevó a pasar una temporada donde mis abuelos en Catacocha, pude observar que frente a la casa había un jardín, en el que mi abuela mantenía con gran esmero una amplia variedad de plantas, entre las cuales me enseñó a conocer y diferenciar las siguientes: toronjil, manzanilla, ruda, borraja, orégano, perejil, culantro, tilo, algodón, sauco, malvaltea, malva olorosa, cedrón, yerbabuena, yerbaluisa, etc. Asimismo, al inicio de la estación lluviosa se daba modos de sembrar semillas, cuyos frutos los cosechaba en tierno y los cocinaba con una sazón exquisita; en esa época aprendí a comer la sopa de zapallo con choclo, poroto tierno y pallar. (Continuará).