Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
A quienes amamos profundamente a esta ciudad, nos duele mucho el estado de estancamiento en el que se encuentra actualmente, todo por una pésima decisión de una mayoría de lojanos en las urnas en las elecciones anteriores. A veces la democracia nos juega malas pasadas, porque permite que el voto sea universal y esto a menudo no es tan ventajoso, porque el pueblo, hablo de la gran masa popular, no está preparado para ejercer ese derecho supremamente importante para el progreso, o el deterioro de la vida de los ciudadanos, entonces es ahí, cuando la clase política aprovecha el estado de postración e ignorancia en el que la misma clase política mantiene sumergido al pueblo, para someterlo a sus caprichos y ambiciones de orden personal, descuidando el bienestar común de manera absoluta.
Loja experimenta un notorio retroceso, la vida de sus habitantes transcurre entre dos ríos fétidos y contaminados, un relleno sanitario colapsado, problemas en la recolección de basura, frecuentes cortes en el suministro de agua potable, carestía en la canasta básica, la venta ambulante desordenada es pan de cada día, el hospital Isidro Ayora no se abastece para satisfacer los requerimientos de Loja y provincias aledañas. Ahora parece mentira que hace años algún organismo internacional nos haya dado el título de ciudad ecológica, cuando basta con circular a píe por cualquier puente para darse cuenta de la pestilencia de lo que el poeta autor de la letra de nuestro himno llamaba “juguetones riachuelos”. Y que hoy son dos cloacas que atraviesan la ciudad, mientras un grupo de soñadores distanciados de la realidad, persiguen la utopía de salvarlos, realizando actividades muy aisladas en pro de aquello, pero que viéndolo objetivamente a mi criterio, resultan una gota de agua en un mar de problemas; para lograr el objetivo de salvar los ríos se precisa de ayuda internacional y de bastos recursos económicos que el Municipio de Loja debería gestionar, esa intervención sostenida y avalada por el gobierno nacional era para ayer así que ahora ya estamos atrasados, de no ser así, el Malacatos y el Zamora tendrán el destino del río Machangara de la capital.
Me duele Loja, porque habiendo talento en demasía, no se alcanza las dimensiones que deberían tener, ni los espacios a los que deberían aspirar. Me duele Loja porque de cierto modo vivimos de glorias pasadas, y mostramos desidia por reverdecer esas glorias, porque pregonamos que somos musicales y son raros los solistas y grupos con propuestas propias, la mayoría vive del cover escuchándose entre ellos; esta Loja me duele porque aquí vi la luz primera y seguramente veré la última y porque amo a esta Loja que me duele.
