Haré lo posible

Diego Lara León

Al iniciar mi día escuché tres reflexiones que fueron el inicio de una serie de eventos y aprendizajes.

Primero escuché uno de los pensamientos de Aristóteles, que dijo: “El pensamiento condiciona la acción, lo que piensas condiciona lo que haces, la acción determina el comportamiento; el comportamiento repetido crea hábitos, el hábito estructura el carácter, la manera de pensar, ser y actuar de un individuo; y, finalmente el carácter marca el destino.

Luego escuché una reflexión sobre Sócrates: “Dicen que Sócrates descansaba a la sombra de un árbol, cuando uno de sus discípulos se le acercó agitado y le dijo: Maestro quiero contarle como un amigo suyo estuvo hablando de Ud. con malevolencia, Sócrates lo interrumpió diciendo: “Espera, antes de contarme lo que me quieres contar, ya pasaste por los tres filtros”. ¿Cuáles tres filtros? preguntó el discípulo. Primero el filtro de la verdad, ¿estás absolutamente seguro que lo que vas a decirme es verdadero? La verdad que no maestro, solo escuché a alguien que me dijo que lo escuchó de otra persona. Entonces dijo Sócrates, pasémoslo por el segundo filtro que es la bondad. ¿Lo que me quieres decir es al menos bueno? No maestro, al contrario, es muy malo. Ok, entonces vamos al último filtro, la necesidad. ¿Es necesario que me cuentes eso? Para ser sincero Maestro, no. Entonces si no es verdad, no es bueno, ni es necesario, no merece ser escuchado, peor difundido.

La tercera reflexión era sobre que no debemos tomar decisiones o hacer juicios de valor solo con conocer un punto de vista de la verdad. Un punto de vista no es otra cosa que la vista desde un punto. ¿Cómo podemos juzgar aquello de lo que solo conocemos una parte o nos han contado solo una parte?

Esas reflexiones me quedaron dando vueltas por la cabeza y yo me dije a mi mismo: ¡Qué bueno que yo no soy así, que bueno que yo no juzgo sin conocer la verdad!

Toda la mañana me la pasé de reunión en reunión, con mucho trabajo y olvidé reflexionar sobre las reflexiones que escuché aquella mañana.

Aquel día acudí mas temprano a retirar a mi hija de su colegio, pues debía pagar sus consumos en la cafetería de dicha escuela. En ese lugar me encontré con una persona conocida que estaba en la misma tarea que yo. Esta madre de familia, llevaba de la mano a una de sus hijas, una linda “guagua” de unos 5 añitos. Esta pequeñita estaba feliz pues le habían regalado dos manzanas, una roja y una verde. La mamá le dijo, “me regalas una manzana”. La niña alzó a ver a su madre, tomó ambas manzanas y mordió la una y luego mordió la otra. Debo reconocer que hubo un momento incómodo para su madre, quien me regresó a ver creo que un poco de vergüenza y otro poco de decepción, (mi mamá bajo esas circunstancias me hubiera reseteado el software de forma inmediata, pensé). Yo no tuve mas reacción que ser testigo mudo de ese incómodo incidente. Antes que podamos reaccionar la niña habló y le dijo a su mamá, “toma mami, las mordí para saber cuál estaba más dulce y regalártela a ti, yo me quedo con la otra”.

Su madre suspiró y en ese suspiro estoy seguro hubo alivio y algo de vergüenza, pero vergüenza de haber juzgado mal a su hija. Yo solo sonreí, también sentí vergüenza de haber juzgado en silencio a aquella niña. Inmediatamente regresaron las reflexiones de la mañana a mi mente y me dije, “chuta”, creo que, si soy un poquito así, juzgué a alguien desde mi punto de vista. Pero, esto no volverá a pasar.

Como aún faltaba tiempo para que mi hija salga de clases, regresé a mi carro para escuchar las noticias y de pronto un auto con dos jóvenes, se estacionó en el único lugar disponible, que era el parqueo para discapacitados, acto seguido se bajaron con evidente prisa, sin importarles que estacionaron en un lugar reservado para personas que tienen problemas de movilidad. Nuevamente el que no juzga, juzgó. Que mal pensé, como hay gente que le importa “un centavo” respetar el lugar para discapacitados, “se estacionan donde les da la gana”, sentencié.

Pocos minutos después estos jóvenes subían, a aquel auto, con mucho cuidado a un estudiante, que tenía una evidente discapacidad motriz. Nuevamente, el que no juzga, juzgó y mal.

Aprendí a golpes ese día, que no es cierto que no juzgo ni que hago juicios de valor, aprendí que debo a cada momento intentar no juzgar sin mirar la verdad desde algo más que solo un punto de vista.

Haré lo posible por tener buenos pensamientos que condicionen mi acción. Haré lo posible por filtrar lo que me quieren contar solo si es bueno, necesario y si es verdad. Haré lo posible por no juzgar sin conocer.

@dflara