Rafael Riofrío
La Navidad, tradicionalmente asociada a la paz, la reflexión y la esperanza, se convierte en un espejo incómodo de las desigualdades que atraviesan nuestra sociedad. En un sistema regido por el capitalismo, esta festividad no escapa a la lógica del consumo y la opresión de clase. Bajo las luces y el consumismo, se esconde un entramado de injusticias que golpea con más fuerza a los sectores populares, perpetuando las condiciones de explotación y desigualdad.
Pink Floyd en sus melancólicos versos dice, “somos solo dos almas perdidas, nadando en una pecera, año tras año”, una metáfora que encapsula la alienación de una sociedad donde los medios de producción y los frutos del trabajo están concentrados en pocas manos. Para las élites, la Navidad se vive en los abarrotados centros comerciales, en cenas suntuosas y regalos costosos; mientras los niños pobres observan tras los vitrales de los almacenes un mundo que les niega juguetes y derechos básicos.
La complicidad entre gobernantes y el capital privado son responsables de esta realidad. El gobierno no busca transformar estructuralmente las condiciones que generan pobreza, sino maquillar un sistema que prioriza las ganancias sobre las vidas humanas. La inflación, el desempleo y la falta de acceso a servicios esenciales son prueba de que el capitalismo no solo es ineficiente para garantizar el bienestar colectivo, sino que se construye sobre la miseria de las mayorías.
En Ecuador, este contexto se agudiza en un momento político clave. Las próximas elecciones ofrecen una posibilidad histórica para romper con el ciclo de gobernantes que perpetúan el saqueo de los recursos públicos y el abandono de los sectores vulnerables. La elección debe enfocarse en proyectos que prioricen la redistribución de la riqueza, el fortalecimiento de la educación pública, y el desarrollo de políticas que enfrenten la raíz de la desigualdad.
La Navidad no puede ser vista solo como un momento de alegría efímera, sino como un recordatorio de la urgencia de organizarse y luchar por un sistema donde la riqueza sea de quienes la producen: el pueblo trabajador. De lo contrario, el capitalismo continuará secuestrando estas fechas, utilizándolas para consolidar el dominio de las élites y aplazar, año tras año, las esperanzas de los oprimidos.
En esta Navidad, que la reflexión sea un llamado a la acción hacia un nuevo horizonte de justicia social y a la construcción de la Patria Nueva.
