Democracia y estabilidad

El Consejo Nacional Electoral parece no tener descanso y Ecuador nuevamente amaneció en día de elecciones. Esta vez, marcadas por la polarización entre lo que se puede ver, son dos candidatos con ideologías políticas totalmente opuestas. Ambos, ganadores en anteriores periodos y que podemos atestiguar resultados y falencias. Aunque quien haya ganado pueda resultar en efecto, importante, quisiera tomarme el espacio para realizar un análisis de un tema que es igual o quizá más. Y es que la democracia tiene su talón de Aquiles en el diario vivir de países latinoamericanos en donde la inconformidad eclipsa la decisión de la mayoría y gobiernos no son más que grupos de personas que se vuelven desechables.

Y es que más allá de ideologías, la permanencia en la administración es la única que asegura la correcta creación y aplicación de políticas públicas, alejándonos de ese concepto erróneo y utópico de los políticos mesiánicos que prometen arreglar todo en los primeros cien días, parecería incluso, que el sueño ecuatoriano no es mas que escuchar promesas populistas cada vez más bonitas y con más ritmo, que dicen solucionar problemas cada vez más grandes, en cada vez menos tiempo.

Por ende, no haríamos mal en esperar, aunque de forma necia y ajena a la realidad, la mínima resistencia al poder en los cuatro años por venir, con sus excepciones claro que sí, en casos extremos de ausencia del estado del derecho. Pero con la firme convicción de que Ecuador no regrese a ser un país de los años noventa, con presidentes de periodos cortos y conflictos graves. Repelentes de patriotas y civismo que ven mejores oportunidades en otros países. Que aquello que augure el ecuador nos mantenga vigilantes y resilientes y en el diario vivir, sea el ciudadano común a final de cuentas, el cambio real.