Mundo feliz y utópico

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Que las distopías prevalecen sobre las utopías es verdad, como que el gorrión sin su misión celeste, se declara ciego, pues las sirenas ya no sueñan con bañarse en agua dulce, ni esperan el río del invierno para oír su canto, todo parece una ironía cuando se habla del mundo feliz.

No son solamente las guerras, la política, el avance de la tecnología o la inteligencia artificial, ni tampoco los virus o las bacterias, los cambios en las ciencias y la salud, el peligro de una guerra nuclear, las distopías de moda parecen bailar al ritmo de las tendencias sociales, el evangelio de lo distópico cava en lo invisible y aquello que antes parecía locura, ahora parece realidad.

¿Cómo pensar en el mundo feliz, si dentro de la utopía hay más distopía?, un mundo atroz, donde el mal que causó la devastación social puede cambiar según el argumento, desde un virus o bacteria letal que transforma a los seres en zombis, catástrofes naturales, invasiones alíen o gobiernos de hiper – control, todo esto desfila ante los estáticos ojos, como delirios, mas, a quién se le ocurre inscribir en la frente del humano una antorcha que lleve empatía.

La empatía parece inútil, débil, incierta ante la desigualdad social extrema, el hambre, el control de todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y, mecanismos que menguan la libertad de expresión, como de privacidad, el miedo antepuesto para la dominación, la degradación ambiental y catástrofes de salud; pero, más allá, una niña hundida en fiebre sueña con ángeles, mientras párpados afuera hay zombis, mente adentro, ensaya al otro (al próximo) y aunque los humanos lloran, la fiebre cesa, se levantan mariposas blancas, la empatía ha hecho el milagro  ̶̶ ver al otro como un sujeto viviente ̶̶ .

Tanto en literatura como en cinematografía la distopía ha dado mal pronóstico al mundo, una de las más recordadas en la literatura y el cine es “1984” de George Orwell, donde se describe un estado totalitario, pues el “Gran Hermano” vigila a los ciudadanos y controla todos los aspectos de su vida. Esta obra inspiró otras, como el “Cuento de la criada” de Margaret Atwood, con mujeres oprimidas por un régimen teocrático que las hace “criadas”, pariendo hijos de la élite gobernante. En 1990 se filmó el tema, desde el año 2017 es una de las series más populares de televisión.

En el filme “Doce monos”, de 1995, dirigida por Terry Guilliam e inspirada en la película francesa “La Jetée” (1962, de Chris Marker), un virus eliminó a casi todo el planeta y buscan viajar al pasado para cazar a quién lo propagó, así cambiar el horrible destino de la humanidad, confinada en los subsuelos y lejos del aire.

¿Acaso estas ideas distópicas, que una vez fueron ficción, ahora no las experimentamos? Tan solo por no elegir empatía y vivir la experiencia empática del otro, como vivencia interna (con emociones, intenciones y estados mentales), imaginando ser ese “otro” y así ejercer comprensión. Escribo desde mi utopía, donde un corazón busca la noche, entre nubes plomizas quiere ver ese mundo feliz, con ciruelos púrpura, más allá de lo distópico.