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Hay una práctica milenaria de inventarse palabras, cuando menos despectivas, para señalar a determinadas personas, generalmente incómodas para los detentadores del poder económico y político, para hacer recaer sobre ellas el odio generalizado, la discriminación, al mismo tiempo que se evita que ideas más avanzadas se rieguen entre la población.
Ahora se ha creado la palabra «woke» exactamente con el mismo fin, simplemente para reemplazar otros términos que ya no resultan útiles o convenientes para la clase dominante.
Hoy los que se creen superiores, pulcros, inteligentes, poseedores de la verdad, guardianes de las «buenas costumbres», meten en el costal de los «woke» a todos los que discrepan con los criterios morales, políticos, económicos implantados por los dueños del mundo.
Es el mismo mecanismo con el que se utilizó palabras como «judío», «hereje», «vulgo», «indio», «cholo», «comunista», «masón», «apóstata», «infiel», «bruja», «musulmán», «talibán», etc.
Frecuentemente se ha usado este tipo de palabras para descalificar a las personas en términos tan cargados de odio, que los supuestos pulcros han podido cometer horrendos asesinatos con la venia y aprobación de una pervertida opinión pública. Francisco Franco y Pinochet aún tienen quien los ensalce.
Son palabras que sirven para saciar la soberbia de los que se sienten superiores y que les tranquilizan la conciencia después del cometimiento de sus crímenes
La palabra «woke» ha enriquecido el vocabulario de los aniñados y a usted ya lo habrán registrado como despreciable woke si lo han escuchado pronunciarse a favor de la dignidad de todas las personas, de los derechos de las minorías, de la justicia social.
Y si usted se ha sacrificado haciendo intensas y severas investigaciones sobre la realidad de alguna de las minorías de nuestras sociedades, sus conclusiones serán descalificadas sin más ni más que asegurar que usted es woke. Para las élites que viven en el lujo la ciencia es woke.(O)
