¡Tras las huellas de un médico altruista!

César Eduardo BRICEÑO TOLEDO

El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace (Tolstoi)

Un hombre trasciende a la inmortalidad por sus nobles actos, que realiza durante su existencia; breve o larga. Tal parece que el destino depara a los grandes hombres, un corto tiempo para realizar tareas prominentes.  Acciones que con el tiempo se vuelven paradigmas para nuestra sociedad. Así fue, el tránsito por esta vida terrenal, del doctor ROGELIO HORACIO BRICEÑO LOJÁN, médico-cirujano; orador y talentoso profesional, inspirado en la fragua de su ingénita vocación por la medicina. Procreado en el seno de una familia pundonorosa de Loja; conformada por sus padres. Antonio Briceño y Aurora Loján.  Sus hermanos brillaron con luz propia, en sus diversas profesiones: Arturo, Abogado-poeta; Luz Angélica, modista selecta; José Antonio, Odontólogo y político, fue concejal y alcalde por votación popular; Eduardo, Abogado, y Ramón, Ingeniero Civil.

Rogelio Horacio se graduó en la Universidad Central del Ecuador, en 1946, como Médico Cirujano, con excelencia académica; por cuya razón, mereció ser distinguido entre los graduados de su generación, como joven profesional promisorio. En cuyo cenáculo científico forjó su temperamento por la medicina, cuya convicción lo aprendió y practicó con acrisolada transparencia en beneficio de la ciudadanía lojana. Aún muy joven, vigoroso y apasionado por su vocación a la medicina; el servicio rural lo realizó en la provincia de Zamora Chinchipe. Jamás imaginó que, esa chispa de su preclaro servicio, se convertiría en una hoguera que iluminaría y daría calor a su vida. Mucho menos aún, habría imaginado que algún día, por su entrega y devoción a su noble profesión, sobre todo, por la magnanimidad de sus actos, que se forjaron en su corazón; merecería el reconocimiento de las autoridades y ciudadanía zamorana. Posteriormente, una vez cumplida con este requisito de su profesión, retorno a su amada ciudad de Loja, para prestar sus servicios en el hospital civil, San Juan de Dios, del Ministerio de Salud Pública.   

En el año de 1947, por el lapso de tres meses, laboró en la provincia de Manabí; habiendo recibido del ministerio de salud, un merecido reconocimiento, por sus relevantes servicios médicos. Subsiguientemente, retorno para laborar nuevamente en el referido hospital. Durante sus labores como médico, en Medicina Interna, Obstetricia y Tisiología. Por aquella época, tuvo la oportunidad de salir al exterior, en goce de dos becas para especializarse en Sanidad Pública, en Brasil y Chile, en 1954; cuya preparación académica-científica, le permitió acceder por tres oportunidades como Jefe Provincial de Sanidad, el 11 de junio de 1956, el 20 de marzo de 1962, y el 17 de abril de 1966; sin perjuicio de los regímenes que por ese entonces gobernaban al país. El 12 de abril de 1962 es parte de la Clínica Cueva, ubicada en las calles 18 de Noviembre y José Antonio Eguiguren, en la cual, atendió enfermedades infecciosas; siempre acatando los prístinos principios hipocráticos.

Debido a su incesante labor médica, también colaboró con instituciones beneméritas como SOLCA, con capacidad, y entrega altruista; en pro de atender los requerimientos de una desvalida población. En 1963, fue presidente de Club de Leones de Loja, una entidad dedicada al servicio social de esta ciudad. También en su agenda de preocupaciones gremialistas, fue permanente colaborador con las aspiraciones de sus colegas profesionales, en merecimiento de lo cual, fue designado por votación unánime, como presidente del prestigioso Colegio de Médicos de Loja, desde 1965 hasta 1967. Su prematura muerte en 1970, consternó a la sociedad lojana, que le tributó un público reconocimiento de las instituciones lojanas.

Como su hijo primogénito, ¡yo viví aquellos tiempos!, que me enalteció compartir con su vida; por eso puedo testificar, sobre su gran obra humana, en beneficio de nuestra sociedad lojana.