Cuando mamá me llevaba al baño

Diego Lara León

Cuando las personas extranjeras quieren viajar, por ejemplo, a Río de Janeiro, lo que hacen es investigar sobre qué atractivos se encuentran ahí. Río es el primer destino de playa del mundo. Los habitantes de esa ciudad, su gobierno, sus medios de comunicación y sobre todo quienes viven del turismo, les “venden maravillas de ese destino”. Les indican lo hermosas que son las playas de Ipanema y Copa Cabana, lo impresionante del Cristo del Corcovado y del Pan de Azúcar, la linda Bahía de Guanabara y lo impresionante del Maracaná. Nunca van a escuchar a los brasileños decirles que fuera de esos destinos es muy peligroso, que en las favelas es casi un infierno, que matan decenas de personas por día.

Si quieren ir a Nueva York, les venden Time Square, el Empire State Building, el Central Park, los Museos, nunca les “venden” la plaga de ratas que inunda esa ciudad, o los barrios ultra peligrosos.

Cuando viajan a París, les venden la ciudad luz, la hermosa Torre Eiffel, los paseos románticos por el Sena, el maravilloso Fantasma de la Opera en la Opera Garnier, el Museo de Louvre, Notre Dame. Por eso París recibió 53 millones de visitantes en el 2024.

Cuando quieren ir a Panamá, les venden el destino de compras, ciudad Colón, el Canal de Panamá. Costa Rica vende su naturaleza y su frase icónica “pura vida”. Y así puedo darles cientos de casos donde los países ofrecen su mejor cara.

Casi todos hemos escuchado la famosa frase “los trapos sucios se lavan en casa”. Mi mamá nunca me castigó en público, siempre que me portaba mal frente a visitas o en casa ajena, pedía permiso y me llevaba al baño. “El niño necesita el baño” era su justificación. Yo ya sabía lo que sucedería al cerrar la puerta del baño. Obviamente no lo contaré, pero salía bien peinado, lavado la cara, con los ojos llorosos, pero eso si bien educado.

Muchos años después mamá me explicó del porque de la ida al baño. “A un niño no se lo debe humillar, reprendiéndolo en público, eso se hace en privado”. Cuando me casé, nos dio un solo consejo, “seguro van a tener dificultades y peleas. Nunca discutan en público, peor frente a los hijos, ustedes luego de la pelea se reconciliarán, pero pueden dejar una cicatriz en los niños o en las personas que presenciaron el conflicto”.

Ese consejo lo he aplicado en casa y también en el trabajo. Nunca “jalo las orejas de un colaborador en público”, no hay que humillarlo. En público se reconoce los logros, en público se observa los errores cometidos de forma colectiva, nada más.

Si eso hacía mi mamá y estoy seguro que muchas mamás, si eso hacen los mejores destinos turísticos del mundo, ¿por qué razón la mayoría de las noticias que se escucha en el exterior sobre el Ecuador son malas? Parece que ciertas personas satisfacen su ego y sienten alivio hablando mal de su país y espantando visitantes.

Hace pocos días en un viaje al exterior, me hicieron esa consulta. ¿Por qué solo se escucha cosas malas del Ecuador en el exterior? Quien me lo preguntó me confesó que se sentía triste por eso, porque cuando él viaja a Loja, puede caminar sin miedo, sale en la noche sin preocupación, recorre los destinos turísticos con alegría.

Sin duda tenemos serios problemas. Pero, ¿no será que algunos quieren tremendizar las cosas malas? ¿no será que les conviene que nos vaya mal? Ahí les dejo esa interrogante.

@dflara