El papa Francisco se ha marchado al infinito, pero nos deja sus huellas. Desde su elección el 13 de marzo de 2013, mantuvo una vida de austeridad, reflejo de su formación jesuita. Optó por no residir en el Palacio Apostólico, sino en la Casa de Santa Marta, una residencia dentro del Vaticano. Dejó claro que no percibía salario por ser jefe de la Iglesia Católica. “A mí no me pagan nada. Cuando necesito plata para comprarme zapatos o así, la pido. Yo no tengo sueldo”. Según el portal especializado Celebrity Net Worth, su patrimonio al momento de fallecer era de 100 dólares. Ninguna propiedad ni cuenta bancaria estaba registrada a su nombre.
Para profundizar en el testimonio del papa Francisco, les ofrecemos algunos fragmentos del artículo del padre Pedro Pierre “Francisco: La primavera inconclusa”: “El Papa de ‘todos, todos, todos’, ha muerto, dejando muchas huellas. Nos toca de seguir, junto a él, ‘haciendo más bonitos el mundo y la Iglesia. ‘Venido del fin del mundo’, le encomendaron reubicar la Iglesia, priorizar a los pobres y dar esperanza a un mundo convulsionado.
Su nombre recuerda a Francisco de Asís: “No te olvides de los pobres” le había dicho el cardenal brasileño Claudio Hummes cuando lo eligieron Papa. Sus primeras palabras sorprendieron a todos cuando apareció por primera vez en el balcón de la Iglesia san Pedro: «Hermanos y hermanas, buenas noches… Ahora empezamos este camino, obispo y pueblo, un camino de hermandad, de amor y confianza entre nosotros. Quisiera darles la bendición, pero antes, les pido un favor: les pido a ustedes que recen al Señor para que me bendiga a mí.”
Las cartas encíclicas de Francisco tuvieron un eco mundial en particular la sobre la ecología por su pertinencia. En otra denuncia la perversidad del sistema neoliberal cuya economía de mercado literalmente “mata a los más pobres”. La ‘Fratelli tuti’ —Todos somos hermanos y hermanas’— nos enseña los caminos de una verdadera hermandad universal: la fraternidad sin frontera, la amistad social, el amor político y una espiritualidad liberadora inspirada de la parábola de Jesús ‘El buen Samaritano’. ‘Siempre estuvo con los más vulnerables’, condenando el genocidio palestino y la hecatombe de Ucrania.
Al nivel eclesial emprendió una amplia reforma de la institución vaticana buscando erradicar la corrupción, el poder absoluto del ‘lobby’ tradicionalista en el Vaticano. Integró mujeres en puestos claves. Inspirándose en el Concilio Vaticano 2° quiso dar a la Iglesia su verdadero rostro de Pueblo de Dios con los pobres como primeros destinatarios del Evangelio y protagonistas del Reino de Dios inaugurado por Jesús. Promovió el ecumenismo con los ortodoxos y los anglicanos como también el diálogo interreligioso con los islamistas, los budistas, los judíos. Dedicó 10 años en fomentar la sinodalidad, su obra maestra: todos los bautizados somos hermanos iguales con iguales responsabilidades. Se dejó impulsar por su experiencia latinoamericana porque ya esta sinodalidad es vivida por las Comunidades Eclesiales de Base.
No pudo emprender una revisión radical de 3 ‘monumentos’ que fundamentan el tradicionalismo clerical como el derecho canónico que detiene la Iglesia en un pasado superado, el conjunto de los dogmas que son incomprensibles para la cultura moderna, el catecismo católico bastante alejado del Evangelio de Jesús… Quedan pendientes reformas urgentes como la reforma del sacerdocio para lograr el celibato opcional y que las mujeres y todos los bautizados puedan ejercer su sacerdocio bautismal, la descentralización del poder monárquico del papa, el desarrollo de la interculturalidad entre todas las grandes religiones, todas consideradas válidas…”
