Luis Antonio Quizhpe
Por el año 1968, José María Velasco Ibarra llegó a la presidencia del Ecuador por quinta vez. Recibió un país con una tasa de analfabetismo del 32%, que no sabía leer ni escribir, lo que incidía considerablemente en el nivel de desarrollo social y económico del país. Para restar el porcentaje, a través del ministerio de Educación, creó la Coordinación Nacional de Educación de Adultos y, a nivel local, las coordinaciones provinciales.
En Loja la Coordinación Provincial de Educación de Adultos la lideró el Lic. Nelson Peñarreta Álvarez, quien se había formado en alfabetización con Paulo Freire en Brasil. Este, por el año 1970 convocó a estudiantes voluntarios que quisieran instruirse para alfabetizar adultos. Participamos, del Bernardo Valdivieso Clodoveo Chamba Albito y el suscrito y, del Daniel Álvarez Burneo Máximo Capa Chimbo, Manuel Morocho, Hugo Coronel e Ignacio Albito. Ya entrenados, nos designaron a las escuelas Julio Matovelle del barrio Labanda y 25 de Diciembre de Belén.
Las escuelas asignadas estaban en el área rural y en esos barrios no había luz eléctrica, por lo que las clases dábamos con lámparas Petromax y en pizarrones color negro y tiza blanca. En la escuela Julio Matovelle funcionó 3 años con periodos de 5 meses, donde aprendieron a leer y escribir unos 300 adultos analfabetos y recibieron la instrucción primaria. En la escuela 25 de Diciembre funcionó 5 años, igual con ciclos de 5 meses, donde alfabetizamos a unos 500 adultos.
Poniendo en práctica la tesis de Freire, a nuestros alumnos, no solo que les enseñamos a leer y escribir, sino a tomar conciencia y criticar la realidad y mediante el diálogo constante, comprendieron que la situación de su contexto solo ellos lo podían transformar. El método permitió que los adultos se empoderen de su propia realidad, a través de la lectura de la palabra y la lectura del mundo y, pudieron «decir su palabra» y participar activamente en la construcción de una comunidad y una sociedad abierta a la justicia y equidad.
Tanto en las comunidades de Labanda como de Belén la situación de sus habitantes cambió considerablemente una vez alfabetizados. La gente sabiendo leer y escribir, perdió el miedo de hablar y aprendió a expresar su palabra escrita y oral ante cualquier circunstancia; cultivó oficios de albañilería, pintura, ebanistería, mecánica automotriz e industrial, cerrajería, peluquería, corte y confección, sastrería, enfermería; siguieron cursos de música, instalaciones eléctricas, gasfitería; se brevetaron de choferes profesionales.
Recuerdo hechos singulares de la comunidad alfabetizada. Cuando se les pedía la rúbrica para algún pedido a las autoridades, orgullosos decían “dónde firmo”. La gente comenzó a legalizar sus tierras con abogados y a consultar a los médicos sobre su salud y estaba convencida de que la mejor herencia para sus hijos sería la educación. El Municipio, el Concejo Provincial, la Dirección de Educación a diario recibían pedidos de agua potable, luz eléctrica, alcantarillado sanitario, caminos vecinales, local escolar. Se le complicó la vida al gobierno y a los funcionarios de turno, su desidia quedaba al descubierto.
