PERSONAJES DE QULANGA: OVIDIO AGUSTÍN LUNA

Juan Luna

Quilanga, 28 de agosto 2025

Nace en Quilanga el 28 de agosto de 1938. Sus padres Juan Luna Santín y Carmelina Briceño, humildes agricultores y ganadores de nuestro cantón. Se bautizó en la Iglesia matriz de Quilanga y su segundo nombre es en honor a San Agustín de Hipona, Obispo y Doctor de la iglesia católica. Es el tercero de diez hermanos: Melva, Dina, Ovidio, Nelson, Laura, Zoila, Juan, Ricardo, Tula y Virginia

Sus estudios primarios los realizó en la escuela Manuel Carrión Pinzano y a la par recibió la formación para los sacramentos. En su niñez y juventud trabajó cercano a sus padres en la agricultura, también, con un grupo de amigos solían trasladarse a trabajar en la zafra, Ingenio San Carlos, cantón Milagro.

Contrajo matrimonio con Luz Melania Rengel Jiménez, en 1966, sus retoños son: Edwar Omar, Juan Agustín, Walter Eduardo, Carmen Jaquelin, Katy Belinda, Javier Francel y Janina Elizabeth.

De personalidad firme, carácter fuerte y temperamento estable. Junto a su esposa se preocuparon por la educación de sus hijos e hijas, “tienen que estudiar para que sean mejor que yo”, repetía diariamente, luego de sus intensas jornadas de trabajo siempre se dio un espacio para revisar tareas y enseñar las operaciones matemáticas. No descuidaron la formación cristiana.

A pesar de sus dolores y enfermedades que lo acompañaron toda su vida, no se rindió nunca. Luchó incansablemente en la agricultura en un pequeño terreno dado por mi abuelito en Ungananche, que luego se convirtió en herencia, arrendaba terrenos para sembrar el maíz, cogía caña “al partir” para la molienda y producción de panela. Trabajó en la siembra de pinos en la cordillera con la naciente PREDESUR, luego sirvió a todo el pueblo en la compra y venta del café, recorriendo casi todos los barrios y favoreciendo en emergencias a los caficultores con las famosas “compras por adelantado”, sin ningún documento de garantía, más que solo la palabra. Muchísimos años atendió con el expendio de carne de cerdo y res en su casa y luego en el mercado, sus jornadas de trabajo empezaban entre las tres o cuatro de la mañana para no quedar mal con sus clientes. En algún momento intentó ser comerciante de ganado y cerdos, pero sufrió decepciones de los comerciantes mayoritarios.

Nunca nos faltó con un plato de comida en la mesa. Junto a mi madre no faltaron los uniformes, cuadernos y textos para el estudio, eso sí, cuidando y conservando para el hermano que venía atrás, pues, no había tanta novedad de cambiar los textos cada año, con los cuadernos que no se terminaban se arrancaba las hojas y nacía el llamado cuaderno de borrador.

Amigable y confianzudo en el trato, con sus amigos compartió algunas tardes y noches de bohemia, muy común era verlo en las calles del pueblo montado en su caballo saludando, riendo, poniendo apodos, anunciando sus ventas y cobrando a sus deudores, en las tardes, sentado en su banca del corredor leía el periódico y terminaba viendo el ecuaboly.

Las enseñanzas para sus vástagos: luchar y bregar por la vida, no dejarse vencer. Ser fraternos y solidarios. A reutilizar las cosas y no llenarse de lo vano y superfluo. A querer y respetar a la familia y a los amigos. Junto a sus amigos de la zafra Parsemón Granda, Luis Castillo y Ubaldo Ochoa, trajeron la imagen de Jesús del Gran Poder, desde Milagro en 1965, cuya fiesta perdura hasta hoy.

Su última batalla en la vida terrenal no la pudo superar y retornó a la casa paterna un 28 de enero de 2008, luego de un doloroso cáncer que lo agobió 6 meses. Su muerte fue como su vida serena y tranquila, como es la de todos aquellos que paz consigo mismo, con Dios y su prójimo.

Al recordar este 28 de agosto sus 87 años, allá en el cielo, Doy gracias a Dios por darnos este ser maravilloso a mi familia. Gracias por enseñarnos a servir, vivir y amar a Quilanga. Es n personaje que desde el servicio y sus trabajos más humildes pudo servir y amar. En sus manos está proyecto “EL JARDÍN: Café, Turismo y Naturaleza”, en donde, hoy abrimos el “rincón de Ovidio” para eternizar su vida y su memoria.