El baúl de los recuerdos: EL CONJUNTO UNIVERSITARIO DE LOJA

Efraín Borrero Espinosa

Sonia Espinosa Vélez tuvo la gentileza de compartirme interesantes vídeos sobre las presentaciones del Conjunto Universitario de Loja en el exterior. Ella también fue parte de esa agrupación musical que marcó una época trascendental en la historia de la música lojana. En los años setenta grabó un disco con el Conjunto Universitario del cual Edgar Palacios manifestó que tuvo gran aceptación, porque en ese acetato mostró su bella voz y grandes dotes interpretativas, además de considerarla autora, compositora y cantora de excelsa virtud.   

El Conjunto Universitario surgió de la mano de Edgar Augusto Palacios, insigne lojano que se ha destacado como trompetista, compositor, gestor cultural y maestro, en circunstancias que se desempeñaba como director de la Escuela Superior de Música Salvador Bustamante Celi, desde el ocho de mayo de 1968; cargo al que accedió por concurso de merecimientos.

Haciendo prevalecer nuestro potencial artístico concibió la creación de una agrupación musical a la que llamó Conjunto Universitario de Loja, proyecto que alcanzó un elevado nivel de calidad y prestigio, a tal punto que “en la historia de la música lojana constituye uno de los emprendimientos de desarrollo, creatividad y difusión artístico más importante del siglo XX”.

Estoy seguro que la selección de los integrantes no fue tarea difícil para el Maestro, ya que cada uno de ellos tenía un camino recorrido y brillaba con luz propia. Al crearse esta agrupación, la integraron: Édgar Palacios (director y trompetista), Luis Lozano (trompeta), Salvador Zaragocín (saxofón), Carlos Ortega (flauta), Marco Ochoa Valdivieso (piano), Lola Berrú (batería) y Juan Gordón (guitarra). Las primeras presentaciones a nivel local y nacional fueron exitosas y rápidamente ganaron la simpatía y admiración de la ciudadanía.

El Conjunto creció en corto tiempo con la integración de César Chauvín; Trotsky Guerrero, Benjamín Ortega y Tulio Bustos que conformaban el Trío Vocal Universitario; Guillermo Espinosa, Mario Calle, Carlos Valarezo Manosalvas, Wilfrido Montalvo, Ricardo Sempértegui; Elvira Guerrero, Alejandro Guerrero, César Valladares, Pedro Peralta, Miguel Mora Witt, Luis Zúñiga, Colón Raúl Guerrero, Carlos Naranjo; Ángel Ortega, Galo Terán, Lola Ruilova, Enrique Cueva, Iván Montalvo; Édgar Díaz, Ángel Ortega, Augusto Carrión, Freddy Jaramillo, Jorge Salinas; Mario Cárdenas, Estela Betancourt, Sonia Espinosa Vélez, Ligia Erráez, Ursulina Albán, Mariana y Judith Abad Villavicencio.; es decir, se transformó en una gran orquesta.

Hacían gala de un repertorio muy amplio que incluía obras de música académica, popular y ecuatoriana, sin descuidar la música lojana. El Conjunto grabó una serie de discos con temas lojanos, ecuatorianos e internacionales, siendo el más popular “Loja canta al Ecuador y América”.

Edgar Palacios reconoce que en la etapa en que la Escuela Superior de Música fue parte de la Universidad Nacional de Loja, 1968 a 1970, tuvieron dos grandes aliados: Jorge Mora Carrión y Eduardo Unda, rector y vicerrector, respectivamente. 

En 1974 se dio un hecho coyuntural que dio pábulo a la internacionalización del Conjunto Universitario, que para ellos resultó impensado. Ocurrió que el presidente de la República Popular de Rumania, Nicolae Ceaușescu, visitó el Ecuador. El general Guillermo Rodríguez Lara, presidente del Gobierno ecuatoriano, quien conoció en alguna presentación al Conjunto Universitario y se llevó la mejor impresión, los invitó para que dieran un concierto en homenaje al distinguido visitante en los salones de la Cancillería ecuatoriana. Además de la brillante actuación de la orquesta se destacó la presentación artística y poética de Adita Palacios. El presiente rumano y su comitiva se maravillaron con la actuación y los felicitaron fervorosamente. Ello provocó que fueran invitados a visitar Rumania y lograran una beca para que nuestro crédito lojano, César Chauvín Hidalgo, pudiera realizar estudios en ese país.

Dice Edgar Palacios que esta gira —la primera a Europa de una orquesta lojana— tuvo una connotación muy importante: la presencia de la orquesta en diferentes ciudades de Rumania con gran éxito y la promoción de nuestra música ante músicos rumanos pertenecientes a organismos de carácter académico que no conocían el pasillo, el sanjuanito y otros ritmos ecuatorianos.

El segundo viaje internacional del Conjunto Universitario, que con el tiempo había tenido algunas variaciones en cuanto a su composición, fue a Japón. El hecho se dio por una circunstancia muy casual, tal como comenta Edgar Palacios. El Doctor Adolfo Álvarez, quien desempeñó las funciones de Encargado de Negocios del Ecuador en Japón, mientras realizaba un viaje a Tokio y estando de paso en Nueva York, encontró en un almacén de esa ciudad un disco del Conjunto Universitario, precisamente “Loja Canta al Ecuador y América. Luego de escucharlo tuvo la idea de presentar al Conjunto Universitario en el Japón con la intención de hermanar a los dos países y celebrar el centenario del nacimiento del doctor Hideyo Noguchi, médico japonés que aportó al desarrollo de la medicina en el Ecuador y que brindó su ayuda para combatir la terrible epidemia de la fiebre amarilla que azotaba a nuestro país, sobre todo a Guayaquil.

El Encargado de Negocios Álvarez tenía algunos aliados japoneses, entre ellos el doctor Kokichi Otani, científico y empresario que se encontraba interesado en la longevidad en Vilcabamba, y un inversionista que tenía un enorme hotel. En definitiva, con el auspicio brindado por algunos japoneses y el apoyo por parte del gobierno nacional, en el que Luis Mejía Montesdeoca, casado con una distinguida dama lojana, jugó un rol protagónico, el viaje a “La Tierra del Sol Naciente” se hizo realidad.

Ya en Japón ofrecieron varias presentaciones, pero el más memorable fue el gran e histórico concierto en la sala NHK, que es el nombre de un local de conciertos y auditorio emblemático para las transmisiones de televisión y música del Japón; es conocido por ser el escenario de famosos festivales musicales, ya que tiene capacidad para seis mil personas.

Además de interpretar con todo el corazón nuestra música, aprendieron a manejar un sistema disciplinario fundamental. El concierto se desarrolló el 7 de noviembre de 1976, a las 19:00, pero debieron estar en el sitio desde las 11:30 preparando los pasos de rigor. Dice Edgar Palacios que fue un concierto realmente extraordinario, transmitido por la televisión japonesa y visto por más de cincuenta millones de personas.

Recordó una anécdota inolvidable: no pudieron retornar al país en la fecha prevista porque se produjo un incidente con graves repercusiones internacionales. Ocurrió que un teniente de la Fuerza Aérea Soviética desertó y voló en un avión oficial a Japón, en donde obtuvo asilo político por parte del gobierno de Estados Unidos. Por esta razón la situación se complicó por algunos días; tiempo que fue aprovechado para brindar otras presentaciones.

Cuando Edgar comentó este episodio me trajo a la memoria la película “La Terminal” que  trata sobre un hombre de Europa del Este que queda atrapado en la terminal del Aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, porque se le negó la entrada a Estados Unidos y tampoco pudo regresar a su país natal debido a un golpe militar que se había producido.

Le pregunté a Edgar Palacios cómo se manejaron con el idioma y me respondió que en Japón habían previsto cuatro o cinco traductores, y que ellos incluyeron en la comitiva a Marco Placencia, cuyo deceso hace pocos días lo lamentamos sinceramente, porque sabía inglés, y en tierra nipona la mayoría también habla ese idioma.  

Coincidentemente, dos años más tarde, el recién formado grupo musical Pueblo Nuevo, de raíces lojanas, realizó su primer viaje internacional luego de haber grabado su primigenio disco sencillo con la canción estelar de Hernán Sotomayor: “A Tajitos de caña”.

Ernesto “Seco” Guerrero dice que ese viaje es, por muchas razones, imperecedero. “Primera salida del país en calidad de músicos, con los ponchos de San Lucas obsequiados por Roberto Valdivieso y otro juego regalado por mi madre, emprendimos la más extensa gira. Fuimos por cerca de tres meses a ciudades tan lejanas como Moscú, Kassan, Leningrado y Kiev, actual capital de Ucrania”.

Estos acontecimientos musicales, que marcaron un hito histórico en el Ecuador, nos dan la certeza que Loja es la potencia cultural de la que hablaba Benjamín Carrión, abarcando en sentido amplio: arte, literatura, música, tradiciones y valores, y que para llegar a ese convencimiento estamos autorizados y alentados por nuestra historia.