Mayo Chinchipe y sus secretos

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Desde Santa Ana / La Florida, a cinco kilómetros de la ciudad de Palanda, hay un Complejo Cultual Mayo Chinchipe, allá donde las muñecas de porcelana nacieron en forma de esculturas, y que aún lloran su naturaleza olvidada, esas lágrimas todavía riegan la cuenca del río Chinchipe, y su presencia líquida es evidencia de la cultura Mayo Chinchipe, que nos canta un arrullo como quien canta arrullos a niños ciegos. Su poder histórico es grande, si no que los historiadores contradigan, por esa manía de darle historia a un territorio, aunque eso solo es intentar inventar la felicidad a tierras infelices, porque nunca el suelo ha dejado de ser piso para la desventura, solo así la historia que no deja de ser la utopía de creer, tiene la razón.    Lo cierto es que Mayo Chinchipe nos habla con profundidad, los antropólogos lo saben, aunque mi intento sea tan pequeño, pues no quiero contradecir a los ingenuos que han convertido la historia en un acto de fe; la verdad es que, con esto, tampoco quiero dar dirección a un pensamiento, como los hombres contemporáneos les gusta, amontonar los acontecimientos, como quién amontona platos en una torre, imitando la Torre de Babel, y luego dicen esto es el progreso; desde ese punto de vista, la cultura Mayo Chincipe ya ha muerto.

Por esto, hoy quiero recordar, pensar, hilar, rebobinar, mientras el río Mayo Chinchipe corre cantando no existo, va ligero hacia la cuenca del río Marañón, han pasado ya más de cinco mil quinientos años, desde que la cultura Mayo Chinchipe se asentó por estas tierras del cantón Palanda, y fue evolucionando hacia la cultura Bracamoro, que simbolizó aquellas estrellas tristes en cada cosa que tocaba, pues cada cosa que tocaba moría, y así cuajó el sueño del mañana: perennizar, siempre perennizar, sin más ilusión que alargarse con un brazo que solo ellos veían, con unos ojos de cielo que mira bocabajo las estrellas, la tristeza de vivir, de mirar el pesimismo como profecía. Esa es la verdadera razón por la que los Bracamoros daban tanta importancia a construir en piedra, así es que en el Complejo Cultural Mayo Chinchipe hay viviendas circulares con el silencio de siglos en la piedra, guardando ese secreto que grita a voces, una dureza que contradice la historia de lágrimas, una exclamación que aún se oye en sus tumbas rectangulares, piedra viva que declara: quiero morir adentro de mis retinas, porque en ellas está el secreto de ser.

Lo he visto con estos ojos que se harán tierra y puedo asegurar que no existe ningún progreso, sino por qué los Bracamoros construyeron esa gran plaza ceremonial con figuras de botellas de aza de estribo, y el gran templo con la habitación, hoguera, y altar del sacerdote, y junto a este están los nichos o tumbas que pertenecen a la gente de élite; ciertamente, los más cercanos al sacerdote, pero no a la divinidad, y aunque el pobre no podrá jamás estar enterrado entre los de élite, las manos que construyeron las tumbas, el altar, la hoguera, la habitación, el templo, la plaza, los caminos, tienen una energía eterna, que brilla como un fósforo, que tiene luz efímera, pero poder de encender, que va haciendo ventanas, va uniéndose a luces de lo alto, y va construyendo una grandeza que no muere.

Mayo Chinchipe no ha muerto, allí tú cantas, tú. Y la verdad te conecta con todo, solo allí comprendes que, aunque los historiadores forjen la historia al gusto y sabor del que pague, y que los hombres juzguen a las sociedades a partir de su propia historia, así como fue el caso de los “francos” que castigaban el robo con la muerte y penalizaban el asesinato con una simple multa, así, la historia nos ha dicho poco, solo datos, fechas referencias, pero, quién nos dio el por qué. Un por qué grabado en actos eternos, cuyos vestigios la cultura ha recuperado y atesora como evidencia del humano de hace cinco mil quinientos años, que sigue siendo el mismo de hoy, capaz de todo (lo mejor y lo peor), pero, especialista en destruir a sus semejantes, a los que cree inferiores por algún motivo.  

Mayo Chinchipe nos cuenta esos y otros secretos, pero hay que saber interpretarlos, pues los fragmentos dialogan con el moho y el tiempo irreversible, y todo tiene un significado, un por qué, una razón; solamente hay que darles sentido y dirección. Y si no para qué estamos los auditores, examinadores, pensadores, escritores, los que en verdad cuestionamos, preguntamos, analizamos. Más allá de la historia también hay secretos, lo grita el Complejo Cultural Mayo Chinchipe.