Intencionalidad y mirada lectoras

Galo Guerrero-Jiménez

La intencionalidad en el vivir se manifiesta de varias formas, una de ellas es a través del placer de la inteligencia que, mentalmente, siente el deseo de adentrarse en un tema  que le apasiona conocerlo y que, por ende, vive pensando en cómo, cuándo y dónde conseguir el tiempo adecuado para, con la más grata de las intenciones, darle culto a su condición humana de ente lector que, con su más aguda intencionalidad, está dispuesto, libre y voluntariamente, para poner en juego su cognición y su accionar axiológico en el conjunto de lenguaje que, relajadamente, lo asimila a través de su mirada en la hoja de papel o en la pantalla que observa y procesa ese torrente descriptivo, informativo, narrativo, filosófico y/o poético que se desplaza y se acomoda en el cerebro estética, fenomenológica y neuro-lingüísticamente, hasta convertirlo en conocimiento porque lo comprende, luego puede inferirlo y, qué mejor que pueda juzgar ese texto leído desde el ámbito de la trascendencia.

Si esta realidad intencional, estética y relajada no se da, es imposible que haya una lectura agradable. Es preferible, en este caso, no leer, porque así se pierde tiempo y, lo más grave, la mente se cierra, se indispone, con lo cual se anula el ser. Pues, hay que abrir la mente a través de varios dispositivos axiológicos y estratégicos que el lector debe buscarlos, incluso a riesgo de que no sepa si le va bien o no; pero hay que intentarlo, pensando, por ejemplo, que hay que aprender a vivir todas las cosas, porque así estoy dispuesto a asimilar lo que ellas contienen en sí, de manera que me sea más fácil orientarme en la vida: ya sea en el trabajo, en el ocio, en el estudio, en la investigación, por diversión, por curiosidad, para ser creativo, etc.

Y qué buena nota, como dice la juventud, si a través de la lectura  de un tema predilecto, esa intencionalidad y esa mirada van dirigidas a fortalecer mi espiritualidad, mi emocionalidad, en definitiva, mi formación interior a través del cultivo de la contemplación que, desde estas condiciones lectoras, me invita a encontrarme con el ser, dado que: “La persona humana es la cima y centro de todos los bienes creados, es un ser social y relacional; está dotado de libertad y responsabilidad personal, lo que le hace ser dueño de su propio destino, creado en una unidad corporal y espiritual a la vez; participa de la luz de la inteligencia divina  haciéndose así superior al universo material” (García Cuadrado, 2011).

Desde luego, llegar a estas condiciones contemplativas del ser admirablemente espiritualizado, exige una inclinación e intencionalidad muy propias para adquirir una formación lectora  con una mirada atenta en el texto desde el ámbito de la filosofía, de la antropología, de la teología, e incluso de la literatura o de la ciencia biológica, sociológica, psicológica, de las artes en general y desde la neurolingüística que muy bien nos encaminan a procesar la intención y la mirada en el texto, ya no desde cualquier forma, sino desde una mirada amorosa, amigable. Así, lo señala Han: La mirada se amplía hasta convertirse en una forma de expresión de la atención. La mirada atenta no me aleja de mi ser. Más bien vela por que me encuentre conmigo. Me ayuda a ser, en lugar de apoderarse de mi mirada. La atención produce lo que nunca antes ha existido, lo completamente distinto (2025). Pues, lo completamente distinto lo genera el espíritu del lector que, intencionalmente, está dispuesto a pensar y a crear un lenguaje con una nueva mirada, distinta a la del texto.