Intencionalidad y mirada lectoras

Galo Guerrero-Jiménez

La intencionalidad en el vivir se manifiesta de varias formas, una de ellas es a través del placer de la inteligencia que, mentalmente, siente el deseo de adentrarse en un tema  que le apasiona conocerlo y que, por ende, vive pensando en cómo, cuándo y dónde conseguir el tiempo adecuado para, con la más grata de las intenciones, darle culto a su condición humana de ente lector que, con su más aguda intencionalidad, está dispuesto, libre y voluntariamente, para poner en juego su cognición y su accionar axiológico en el conjunto de lenguaje que, relajadamente, lo asimila a través de su mirada en la hoja de papel o en la pantalla que observa y procesa ese torrente descriptivo, informativo, narrativo, filosófico y/o poético que se desplaza y se acomoda en el cerebro estética, fenomenológica y neuro-lingüísticamente, hasta convertirlo en conocimiento porque lo comprende, luego puede inferirlo y, qué mejor que pueda juzgar ese texto leído desde el ámbito de la trascendencia.

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La vida exaltante y magnífica de un lector vargasllosano

Galo Guerrero-Jiménez

Cada libro es un ente viviente que siempre está a la espera, en silencio, con sana paciencia para compartir con otro ente viviente, desde el gozo más profundo, desde el deleite y el interés que le despierta a ese ente viviente llamado lector, para encontrarse y desde el regocijo mental vincularse bajo el asombro de la cercanía; dos realidades intelectual y emocionalmente dispuestas para compartir momentos virtuosos desde el razonamiento que cada cual aporta con distinción si, en efecto, la empatía y el empoderamiento cognoscitivo y lingüístico de cada uno provocan esa fraternidad del encuentro con la cultura, con la ciencia, con el arte y, más concretamente, sea el libro que fuere, con el humanismo.

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La lectura comienza en donde está el lector

Galo Guerrero-Jiménez

Cuando un lector busca un libro se entiende que es porque le interesa, en unos casos porque debe cumplir con una tarea escolar; y, en otros, porque le nace una atracción profunda, muy personal; sabe que al buscar un libro o un tema de lectura que en verdad le interesa, es porque está seguro que va a disfrutar de ese tema leído; situación que no es así cuando se lee para cumplir una tarea escolar obligada; a  no ser que esa tarea esté incrustada en su mente como una acción de alto sentido estético y micropolíticamente asumida dada la atracción que puede sentir por ese tema de estudio, el cual, necesariamente, está asociado a un experiencia de lenguaje conscientemente valorado desde el salón de clase, por la influencia pedagógica del maestro, o desde la familia que ejerce un papel orientativo para que un tema de estudio sea de interés supremo en el estudiante que intuye que “la educación es una capacitación para la ciudadanía en la medida que la Escuela no es solo una institución democrática, sino que es su condición de posibilidad” (Endara, 2020) para realizarse desde ese espacio escolarizado, desde el hogar que actúa ecológica y cognitivamente para que haya un regocijo interior tanto intelectual como emotivamente en aquel alumno lector que tiene la oportunidad, primero por su interés personal para estudiar y, luego, porque, quizá, y eso sería lo más lógico y adecuado, que  la intervención de la “mediación de un adulto letrado y favorablemente dispuesto entre los niños y la literatura, o de otra disciplina que sea de interés para el educando lector, es el factor más importante en el surgimiento del deseo de leer, y de leer arriesgadamente porque sabe  que leer es divertido, así como desafiante, subversivo, refrescante, reconfortante y todas las otras cualidades (Chambers, 2008) que ese lector descubre en la medida en que es motivado y dirigido cognitiva y psicolingüísticamente por ese o aquellos buenos mediadores que intervienen en la formación de ese educando.

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Enamorarse de la literatura

Galo Guerrero-Jiménez

Enamorarse de la literatura para alguien que no es lector, o que realiza tareas escolares de textos que nunca ha tenido la oportunidad de leer y, lo más grave, que jamás le explicaron con la pasión y la entereza de por qué es bueno leer una obra literaria determinada, entonces, no habrá posibilidad de que haya un acercamiento voluntario para que la mente y el corazón se apropien de ese lenguaje estético, armónico y lleno de toda una riqueza humana que una obra literaria, o incluso de otro género, siempre porta para que el lector, con ese entusiasmo que le caracteriza, sepa adentrarse con la más plena voluntad que su psiquis le permite.

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