Cómo aprende a leer el niño

Luis Antonio Quizhpe

     El libro Neuroeucación y lectura, de Francisco Mora podría cambiar la actitud de los maestros, porque nos orienta que a los niños hay que tratarlos desde lo cognitivo y emocional, pero, con visión científica, capaz de ver su cerebro desde una condición física, química, anatómica y fisiológica y, en besa a ello, transformarlo. Claro, porque Mora sustenta su tesis en calidad de médico, especialista en nuerociencias, profesor de Fisiología Humana de la Universidad Complutense de Madrid, docente adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa, Estados Unidos y, muchos años de docencia.

     Nos dice Mora F. (2020), que el niño aprende a leer desde antes de nacer por obra y gracia de su madre con quien está en constante comunicación. A partir del nacimiento experimenta mecanismos básicos como la imitación, la atención compartida y la empatía, es decir, la capacidad de comprender y compartir los sentimientos del otro, mediante la escucha, la validación de emociones y la disposición a recibir apoyo emocional.

     En esto juegan un papel esencial los padres con su lenguaje, su conducta y, en ella el respeto a ciertos valores y normas que cambia la estructura física y química del cerebro del niño y moldea su futura conducta. Y el maestro es parte fundamental en este proceso. Claro porque el cerebro del niño y del adulto es moldeable a lo largo de todo su arco vital, siendo más eficiente en los primeros años, porque lo que aprende y memoriza es lo más eficiente del aprendizaje y de la memoria que modifica el cerebro con esa energía mental que llamamos emoción.

    Por lo dicho, la neurociencia es fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje, porque incorpora al cerebro límbico, es decir, al sentimiento humano, ya que “solo se puede aprender aquello que se ama”. Pero, “no se trata de fomentar las emociones en el aula, sino de enseñar con emoción”. Entonces no hay que partir exigiendo u obligando, sino enseñando a amar la lectura, poniendo énfasis en lo placentero y lúdico.

     En la enseñanza de la lectura hay que arrancar con las canciones de cuna, las nanas, las caricias y los cariños en el entorno familiar. En la escuela vendrán los textos poético-literarios como las coplas populares, los amorfinos, retahílas, trabalenguas, adivinanzas, acertijos, fábulas y textos breves que hay que leerlos con una correcta fonología, utilizando los métodos global o analítico.

    Vendrán entonces, esos mecanismos que son la emulsión y el chispazo de la curiosidad, y con ellos la apertura de esa ventana que es la atención y los mecanismos conscientes para producir el aprendizaje y el cultivo de la memoria. Avanzará luego el trabajo de automatización de las destrezas básicas a través de la lectura de palabras, decodificación de las mismas con precisión y velocidad lectora.

     Para llegar a esto no hay de dejar de leer a los estudiantes en voz alta y conectar con actividades post-lectura” como resumir, graficar. Así se fomentaría la lectura, se animaría a los estudiantes, pequeños y jóvenes a adentrarse en el universo literario en esta era repleta de móviles y redes sociales. Es un reto al que nos enfrentamos docentes y familias, por lo que es vital enseñarles a leer para que reflexionen sobre lo que ocurre en el actual ambiente familiar y social.