Adviento: encender la llama de la fe y esperanza

Quilanga, 01 diciembre 2025

Encender la llama de la fe, la esperanza para prepararnos a rememorar, en Navidad, el misterio de Jesús, Hijo de Dios. Durante cuatro semanas experimentaremos el anuncio maravilloso de paz, de alegría y de encuentro en el Verbo que asume la condición de niño débil y cuyo nacimiento, según, el relato bíblico en un establo, muestran la humildad y misericordia de Dios para dignificar al ser humano y dignificar la vida.

Las cuatro semanas de adviento son la invitación sublime a que estemos preparados (cf. Mt 24,44) al encuentro con lo humano y divino que representa el nacimiento de Jesús.

En las iglesias católica y últimamente en los hogares se representan en la Corona del adviento acompañada de cuatro cirios que se colocan secuencialmente cada domingo. La primera semana simboliza la Esperanza y el cirio de color morado, conocido como el cirio de las profecías”, nos anticipa el nacimiento de Cristo y el inicio de un nuevo tiempo litúrgico; durante esta primera semana nos recuerda la predicción de Isaías sobre el nacimiento de Cristo y todas las promesas que Dios nos hizo en el Antiguo Testamento.

La segunda semana de Adviento representa la Paz. El cirio, al igual que la primera semana, es de color morado se lo llama el «cirio de Belén», nos recuerda el viaje de María y José de Nazaret a Belén antes, como dijo el Papa Francisco “recuerda que después de toda la división, destrucción y dispersión del reino en el Antiguo Testamento, por fin puede haber paz en la Tierra: Jesús viene, y también su Reino de Paz”.

La tercera semana del Adviento simboliza la Alegría, se utiliza el color rosa, se lo conoce como el “cirio del Pastor” y la iglesia también lo llama «Domingo de Gaudete», que significa alegría o alabanza. Se recuerda la alegre espera de los pastores que viajaron para ver a Jesús en Belén, incluso antes que los magos. La cuarta vela del Adviento se enciende el domingo previo a la navidad, representa el Amor, el amor supremo de Dios que envió a su Hijo único e instaurar el Reino de Dios en la tierra.

La Esperanza, la Paz, la Alegría y el Amor nos llevan a un viaje imaginario a Belen, sitio donde nació Jesús y con él el anuncio de que una nueva humanidad es posible, la misma que estará sustentada en una lógica de cambio, de un plan de acción que se anunció en los profetas del antiguo testamento que es el establecimiento del Reino de Dios y su justicia.

Hoy, es preciso encender, no únicamente, los cirios, sino avivar nuestra fe, nuestra esperanza en un firme compromiso que conjugue paz y alegría para este encuentro con la plenitud de la vida que emerge desde la humildad e inocencia de un niño que viene a caminar y a vivir junto a la humanidad y devolverle la integridad y dignidad de hijos e hijas de Dios.

La luz de la fe aguarda la espera y la esperanza es el augurio del conocimiento, reconocimiento y del amor para encontramos con nosotros mismos, con el otro y con el autor de la vida y desde este reconocimiento abandonar la cultura de muerte en la que nos sumerge el odio, la indiferencia, la envidia y el arribismo mezquino. La fe y la esperanza juntas son la fuerza y motor que inspiran valorar la vida y a ser poseedores de los dones maravillosos de Dios con cada uno de sus hijos e hijas.