Que la Navidad haya sido como renacer

Diego Lara León

Es tan común escuchar y repetir la frase: “que rápido pasó este año, ya estamos de nuevo en Navidad”. Es que cada vez vivimos más a prisa, los minutos, las horas y los días duran igual que siempre, somos nosotros quienes los percibimos de diferente manera, “vivimos con falta de tiempo”.

Este mundo loco y competitivo, nos ha llevado a robarle tiempo al tiempo, nos mantiene ocupados todo el año. Pero, llega un momento donde debemos parar para celebrar, conmemorar, reflexionar, como quieran ustedes llamarlo. Sí, debemos parar para agradecer, llenarnos de familia, de amor y de esperanza. Ese momento es la Navidad.

Navidad es el momento que muchos esperan, para regresar al hogar, reunirse y celebrar en familia. Con seguridad la presencia de una familia feliz y unida es mejor que todos los regalos que puedan estar debajo del árbol navideño. No falta por supuesto quien quiera reflexionar sobre lo sucedido en el año que concluye y elogiar el olor de aquello que se está preparando en la cocina. Es un buen momento para dejar, al menos por un rato, los teléfonos a un lado.

La Navidad es una celebración hermosa, como solo puede serlo una fecha en que se une todo el mundo alrededor del amor y la generosidad. Es la ocasión propicia para propagar un mensaje de amor y esperanza.

¿Cuál es la mejor manera de celebrar la Navidad? Sin lugar a dudas existirá tantas respuestas como personas la respondan. Como todo en la vida, la respuesta estará influenciada por las creencias, las costumbres, la realidad familiar y los valores que se practican.

Existen personas que viven las fiestas navideñas con nostalgia, porque tienen seres queridos que ya no están o que están lejos, a otros les abruma el frenético movimiento de estas fechas, otros disfrutan de los regalos, hay quienes la viven con devoción, también hay quienes no la quieren disfrutar.

La Navidad es natividad, es nacimiento, es renovación, renovación de esperanza, de optimismo, de solidaridad, de dar lo que uno lleva en el alma, es ser feliz haciendo feliz a quien uno ama. Es ese abrazo inmenso con quien uno tiene la dicha de poder abrazar, es dar un detalle a quienes quiere, es el brillo de los ojos y la emoción infantil al recibir un detalle, no importa el regalo, importa el regalar. Es la cena compartida, es la casa llena de bulla y risas. Es dar gracias y elevar una oración, es recordar el portal de Belén, es cantar los villancicos. La Navidad es compartir con aquellos que la vida ha sido injusta, pero compartir, es dar no lo que a uno le sobra, sino aquello que nos hace falta. Navidad es familia, Navidad es amistad, Navidad es solidaridad.

En mi época de colegio no entendía el por qué mis compañeros que no eran de Loja ciudad, no se quedaban a las celebraciones de la Navidad, ni a los agasajos navideños; pues, apenas llegado el último día laborable, ellos “corrían a tomar el bus para regresar a casa”. Lo entendí todo cuando en el primer año de vivir lejos de casa, llegó el último día laborable del año en la universidad y fui yo quien no se quedó a los agasajos, fui yo quien “salió corriendo a tomar el bus para regresar a casa”.

Ojalá en esta navidad que acaba de pasar, muchos hayan podido “volver a casa”. Y para quienes no pudieron volver, les deseo que donde estén, hayan hecho de ese lugar, su casa esta Navidad.

También es mi deseo que, en estas fiestas, la magia de la Navidad haya llenado vuestro espíritu de cosas buenas y que lo contagien a sus semejantes.

Mi deseo también, es que la celebración de la Natividad los haya recargado de energía positiva, los haya transportado al génesis de la vida, a la familia, a los amigos, a los semejantes.

¡Que la magia navideña se haga realidad todos los días y que en esa realidad haya amor y calor de hogar!