Luis Sivisaca Caraguay
En estos días, el debate nacional sobre el modelo de desarrollo ha vuelto a poner en el centro una palabra esencial: agua. Más allá de posiciones políticas o técnicas, lo que está en juego es algo más profundo: la manera en que entendemos nuestra relación con el territorio.
En Loja, el agua no es una abstracción. Nace en nuestros páramos, recorre nuestras montañas y sostiene la vida de comunidades urbanas y rurales. Es sustento agrícola, equilibrio ecológico y también memoria cultural. Sin agua, no hay ciudad posible; sin agua limpia, no hay futuro digno.
La historia del sur del país ha estado marcada por la resiliencia de sus pueblos y por el cuidado silencioso de sus fuentes hídricas. Durante generaciones, comunidades enteras han comprendido que el desarrollo no puede construirse a costa de aquello que sostiene la vida. La verdadera prosperidad no se mide únicamente en cifras económicas, sino en la capacidad de garantizar bienestar a largo plazo.
Hoy, cuando el país discute decisiones que pueden impactar los territorios, es necesario elevar la reflexión. No se trata de oponerse por oponerse, ni de simplificar un debate complejo. Se trata de recordar un principio básico: toda decisión que afecte el agua afecta directamente la vida.
Loja posee una identidad profundamente ligada a la naturaleza. Sus bosques, sus cuencas, sus microclimas y su riqueza hídrica forman parte de su patrimonio. Proteger el agua no significa frenar el desarrollo; significa orientar el desarrollo hacia formas más responsables, sostenibles y conscientes.
Como educador, creo firmemente que el desafío de nuestra generación es aprender a equilibrar crecimiento con cuidado. La educación ambiental no es un discurso idealista; es una herramienta práctica para construir ciudadanía informada y responsable. Cuando una comunidad comprende el valor de sus recursos, también exige decisiones más transparentes y participativas.
El momento actual invita a un diálogo maduro. No a la confrontación, sino a la corresponsabilidad. Las decisiones nacionales tienen impacto local, y por eso las voces de los territorios deben ser escuchadas con respeto.
Preguntarnos qué modelo de desarrollo queremos para Loja es preguntarnos qué legado queremos dejar. El agua no pertenece a una generación; es un préstamo que recibimos y que debemos entregar en mejores condiciones.
El debate puede ser técnico. La responsabilidad, sin embargo, es ética.
Cuidar el agua es cuidar la vida. Y cuidar la vida es el primer acto de verdadero desarrollo.
