“La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos» Tertuliano (c. 197 d.C.).
Desde su llegada a la presidencia el 1° de junio de 2019, Nayib Bukele, ha profundizado su poder político a costa de estrategias que han erosionado el estado democrático y de derecho, pues controla todos los poderes políticos y jurídicos de El Salvador. También, utiliza a la religión: se identifica como cristiano, sin profesar una denominación específica (ni católico ni evangélico tradicional), adoptando una postura «atrápalotodo» que busca la unión de diversas creencias, ha mencionado en sus mensajes que todas las formas de creencia caben bajo su paraguas ideológico. Más que adoptar una doctrina estricta, utiliza la religión de manera estratégica en su discurso. Su esposa, Gabriela de Bukele, se ha identificado con el evangelismo.
En este punto, donde los límites de la democracia parecen ser discutibles, que empezó a capitalizarse el impacto en el humor social. Hubo varias manifestaciones – inéditas hasta ahora – bajo la consigna “Por la democracia y el restablecimiento del Estado de Derecho”. La ciudadanía protestó contra los abusos de poder del gobierno, la remoción ilegal de jueces, la captura del órgano judicial y la consolidación del poder en torno a una sola figura.
Del otro lado, se encontraron con un presidente que criminalizó la protesta y trató a los/as manifestantes de terroristas, además de culpar en forma expresa a un miembro del comité ejecutivo de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES). Al final, la capital amaneció militarizada y con fuerte presencia policial.
De esta manera, la ciudadanía es la que devuelve la mirada y apuesta nuevamente por la democracia, una ciudadanía que apoyó mayoritariamente al oficialismo pero que hoy le recuerda al presidente que el voto no es un cheque en blanco.
Estos conflictos nos están haciendo olvidar el compromiso de los cristianos en los fines del siglo XX, especialmente de Monseñor Oscar Romero:
El Salvador vivió una intensa persecución contra la Iglesia durante su conflicto armado, resultando en el martirio de sacerdotes y catequistas, principalmente jesuitas, franciscanos y laicos dedicados a los pobres: San Óscar Arnulfo Romero (1980): Arzobispo de San Salvador, asesinado mientras celebraba misa. Rutilio Grande, SJ (1977): Jesuita salvadoreño, pionero en la defensa de los campesinos, beatificado en 2022. Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus (1977): Laicos y catequistas asesinados junto al P. Grande. Fray Cosme Spessotto (1980): Franciscano italiano, asesinado en su parroquia en San Juan Nonualco, beatificado en 2022. Mártires de la UCA (1989): El 16 de noviembre de 1989, seis sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras fueron asesinados en la Universidad Centroamericana (UCA) por el batallón Atlácatl: Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López, Elba Ramos (ama de llaves), Celina Ramos (hija de Elba), P. Octavio Ortiz (asesinado en 1979) y los cuatro jóvenes que lo acompañaban. P. Alfonso Navarro (asesinado en 1977) junto a Luis Torres, un niño acompañante. Cuatro misioneras estadounidenses (Maura Clarke, Ita Ford, Dorothy Kazel y Jean Donovan) asesinadas en 1980.
Estos sacerdotes y laicos fueron perseguidos y asesinados por su compromiso con la justicia, la opción por los pobres y por denunciar las violaciones a los derechos humanos durante la guerra civil.
