El libro digital vs. el libro de papel

Luis Antonio Quizhpe

Por siglos, los libros físicos han sido el legado más grande de la humanidad. En ellos se han escrito historias más insólitas del género humano lo que ha provocado la imaginación de los lectores. Antes, las generaciones disfrutaban la lectura y mantenían este hábito, hoy la niñez y juventud solo extrae información de Google y “pega” al cuaderno, sin revisarla ni estudiarla.

Rada G. (2025) señala que en la era actual las personas acuden a libros digitales o pantallas para leer, pero, aunque el cerebro emplea las mismas áreas básicas del lenguaje, la forma en que se procesa la información es distinta, porque “el formato modifica la atención, la memoria y la comprensión”. Si se lee el libro de papel se mantiene la actividad de la corteza prefrontal, la encargada de mantener la atención. El papel permite una atención secuencial y ordenada lo que conlleva al cerebro a la integración semántica, a conectar las ideas, a reflexionar y armar un mapa mental con ideas clave.

Además, la lectura en formatos digitales como en la pantalla, el celular o en una Tablet, la atención se distorsiona debido a varios estímulos como el movimiento de la pantalla, el brillo, los hipervínculos, los cuales hacen que el cerebro alterne la atención entre la lectura y otros estímulos, provocando una sobrecarga de incitación. Se desactivan: la corteza visual que no divisa las marcas del texto, la corteza auditiva que no escucha la voz del lector y, la somatosensorial que no huele ni toca el libro.

En cambio, cuando se lee un texto de papel hay una sensación de apertura- cierre, de límite, porque el libro tiene una presencia física, ocupa un lugar en el  espacio, tiene peso, tiene textura y esa existencia material crea una experiencia sensorial que involucra a todo el cuerpo, porque entra en juego las manos para sostenerlo al libro, los dedos para pasar las páginas; el ritmo táctil que provoca la sicomotricidad; es decir, se involucran los órganos sensoriales y el cuerpo, lo que ayuda al cerebro a crear memorias profundas.

En conclusión, quienes leen textos impresos adquieren mejor comprensión y retención del contenido que aquellos que lo hacen en pantallas, no porque el papel tenga poderes mágicos, sino porque crea condiciones neurológicas más favorables para la atención sostenida y para la consolidación de la memoria. Y, lo que es más, la lectura nos enseña empatía de forma concreta en el cerebro.