Luis Antonio Quizhpe
Se concibe a la vida como un valor supremo y primer principio universal. Valor porque es una cualidad invaluable que le damos a la existencia. Es el bien más preciado que orienta nuestras acciones, el respeto y nuestras decisiones éticas, jurídicas, religiosas y culturales. La vida es la capacidad del hombre de nacer, respirar, desarrollarse, procrear, evolucionar y morir. Es el espacio de tiempo que transcurre desde la concepción del hombre hasta su fin, según Jacinto Bátiz.
Y es un principio porque es la regla fundamental, innegociable y universal de la que parten todas las demás normas, derechos y deberes humanos. Su antítesis inevitable es la muerte, en razón de que el hombre como ser mortal debe cumplir irremediablemente con su ciclo vital. Es decir, como decía M. Lleget: “La vida y la muerte se persiguen sin cesar en un vasto universo del cual somos una mínima expresión”.
El valor de la vida y su contrario la muerte vamos a parafrasear en el cuento “Talpa” del escritor mejicano Juan Rulfo. Esto porque la literatura afronta diversidad temática en su cometido de crear belleza a través de la palabra: la vida, el tiempo, la aventura, la libertad, la mujer, el hombre, la naturaleza, la guerra y la paz, el heroísmo, el bien y el mal, el amor y, por supuesto, la muerte.
Entonces, con los conceptos contrapuestos: vida y muerte, nos sumergimos en la narración de “Talpa”, pieza literaria donde los protagonistas son Tanilo Santos, su mujer Natalia y el hermano de Tanilo, cuñado-amante de Natalia. Tanilo padecía de unas llagas mortíferas que cada día le consumían por lo que los tres deciden ir desde Sensontla hasta Talpa donde la gente decía que hay una virgen que cura todos los males de la vida.
Tanilo tenía una fe ciega que la virgencita de Talpa le sanaría de sus llagas nauseabundas porque era milagrosa y la más buena de todas. Por eso caminaron 20 interminables días con sus noches el enfermo, su hermano y su mujer paso a paso, sacando fuerzas de la nada, arrastrando la esperanza de vivir, porque creían que sanaría, aunque en el fondo deseaban que muriera para seguir amándose con libertad. Pero la muerte acechaba a cada instante.
Si Jesús traspasó 14 estaciones hasta el Calvario, Tanilo se arrastró por 20 vía crucis hasta postrarse de rodillas ante la reina, aunque todo fue en vano. Murió luego de haberse arrepentido de todos sus pecados y su hermano con Natalia lo enterraron en el cementerio de Talpa. Regresan a Sensontla con el remordimiento a flor de piel para seguir pecando.
La pluma del genial Rulfo nos transporta trágica y conmovedoramente a ver la vida desde un triángulo amoroso prohibido, donde hay una lucha sin cuartel entre la vida y la muerte. Una para ser feliz, amándose y, la otra para ser dichoso, muriéndose, porque al fin de cuentas la vida no es más que eso: un corto o largo camino hacia la muerte.
