Luis Antonio Quizhpe
La belleza es un valor que trasciende lo puramente físico o visual. Es una cualidad espiritual que produce placer y emociones profundas, exquisitas, sensibles en el intelecto y, actúa como un motor humanizador y psicológico que mejora la autoestima, fomenta el autoconocimiento y define la esencia de una vida humana plena. El valor de la belleza no se relaciona solo con el hecho estético concreto, sino con lo que no se ve, pero que se lo siente en acciones de empatía, bondad y autenticidad.
Pensadores como Hume y Kant concluyeron que “la apreciación de lo bello es un sentimiento profundamente subjetivo, pero que provoca un placer desinteresado al observar la armonía, el equilibrio y la forma pura de las cosas”. Este valor está expresado en la música, la plástica y escultura, en la danza, en la arquitecturay, en la literatura. Y la belleza literaria de una obra escrita despierta gozo espiritual y placer estético, por su lenguaje connotativo, musicalidad y ritmo, pluralidad de sentidos y subjetividad.
Para muestra basta un botón: este trozo de prosa poética tomamos al azar del Capítulo I de la novela en cuestión: “El intenso perfume de las rosas embalsamaba el estudio y, cuando la ligera brisa agitaba los árboles del jardín, entraba, por la puerta abierta, un intenso olor a lilas o el aroma más delicado de las flores rosadas de los espinos”. Y así transcurren las páginas del libro.
Entonces, lo bello apreciamos en “El retrato de Dorian Grey” del escritor irlandés Oscar Wilde. Arranca cuando el pintor Basil Hallward, admirado por la belleza de Dorian Gray pinta un retrato perfecto de él. Dorian conoce al aristócrata Lord Henry Wotton a quien le convence que lo único que vale la pena en la vida es el placer y la juventud. Hecho el pacto, el cuadro siempre será bello mientras él envejece, pero en un arranque de vanidad Dorian anhela conservar su juventud a cambio de que la pintura cargue con el peso de sus años y sus acciones, aunque será imposible porque el tiempo no perdona.
Dorian entra en decadencia al enamorarse de la actriz Sibyl Vane, a quien la rechaza con crueldad, acción negativa que provoca su suicidio. En este punto de quiebre Dorian revisa la pintura y nota una expresión de crueldad en ella. A partir de ahí, se sumerge en una vida de vicios, crímenes y corrupción moral por largo tiempo, en tanto su apariencia permanece intacta y el cuadro ajado por el tiempo se vuelve monstruoso.
Incapaz de soportar la culpa y la constante burla de su conciencia reflejada en la obra, Dorian destruye el cuadro con el mismo cuchillo con el que asesinó a Basil años atrás. Sus sirvientes encuentran el cuerpo de un anciano marchito y repulsivo, identificable solo por sus anillos, junto a un retrato milagrosamente restaurado a su belleza original. La crítica habla de una obra de ficción gótica, histórica, política, filosófica; también de terror, de misterio y psicológica. Como fuera, la novela posee un trasunto encantador que produce profunda emoción.
