Galo Guerrero-Jiménez
El libro escrito, sea de la índole temática que sea, es una obra de arte, no porque sea un mero objeto de adorno, sino porque es todo un mundo de complejidades lingüísticas, de aportes a la ciencia, a la cultura, a las humanidades, a la educación, a la salud, a la literatura, a las artes; por lo tanto, su ámbito estético está revestido de una marcada cognición mental y de una aguda y profunda pragmática lingüística que al ser manifiesta en la práctica y en un soporte tecnológico, le da una forma suprema de vida que, en la práctica vivencial, tanto del que escribe como del que lee, obtienen una especie de poder especial, dado que, el conocimiento que está enmarcado en el texto, permite que, para unos lectores ese conocimiento pueda que sea asombroso o difuso, para otros, en cambio, muy profundo, práctico, acertado, valioso, oportuno, o quizá muy rico o pobre en su concepción idiomática e ideológica.
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