Nuestro mundo de colores

P. Milko René Torres Ordóñez


“El monje que vendió su Ferrari es la sugerente y emotiva historia de Julian Mantle, un súper abogado cuya vida estresante, desequilibrada y obsesionada con el dinero, acaba provocándole un infarto. Este desastre provoca en Julian una crisis espiritual que le lleva a enfrentarse a las grandes cuestiones de la vida. Esperando descubrir los secretos de la felicidad y el esclarecimiento, emprende un extraordinario viaje por el Himalaya para conocer una antiquísima cultura de hombres sabios. Y allí descubre un modo de vida más gozoso, así como un método que le permite liberar todo su potencial y vivir con pasión, determinación y paz”. Es una obra que cautiva, enseña y deleita, en palabras de Paolo Cohello. El color del Ferrari es rojo. Nuestro mundo no puede prescindir del color.

La vida está llena de colores. Diego Torres canta para que pintemos el mundo de color esperanza. Para George Bernard Shaw “la vida no es una vela que se apaga. Es más bien una espléndida antorcha que sostengo en mis manos durante un momento, y quiero que arda con la misma claridad posible antes de entregarla a futuras generaciones”. ¿Qué color tiene la luz de la vela? ¿Por qué es eterna la calidez de la antorcha? Vivimos en el mundo de los signos, de los símbolos, de la palabra que genera vida porque comunica y da esperanza, que renace cuando el hombre empieza a vivir otra vez. Pablo, Ignacio de Loyola, Francisco de Asís, Agustín, entre otros santos experimentaron la necesidad de la transformación en su vida. Un influyente proceso de conversión que ha llenado de color a la humanidad. La antorcha de la vida espiritual, de la actualización del mensaje del Evangelio. Jesús de Nazaret, en la visión de Juan, utiliza magistralmente el lenguaje de los signos, especialmente el de la luz: “Yo soy la luz del mundo. Quien me sigue, no caminará en tinieblas…” (Jn. 8, 12).

Las luces del semáforo, reflejos de la pandemia del coronavirus, marcan, como el tic tac del reloj, el ritmo de la vida. El rojo, signo de amor, pasión y sangre, sería el color que quisiéramos olvidar. Nos lleva a releer más de sesenta días de aislamiento, dolor, enfermedad, muerte, angustia. El amarillo tiene un significado y simbolismo curioso, contradictorio. Por un lado, se lo asocia con la felicidad, la alegría y el optimismo,  y por otro, con los celos, la envidia, el egoísmo y algunas enfermedades. Nos encontramos en la estación de la vida que tiene este color. Queremos, en verdad, recibir al color verde. Es el color relajante y refrescante que trae sensaciones de serenidad y armonía. Está relacionado con todo lo natural, simbolizando la vida, la fertilidad y la buena salud.

La vida cambia, no por el color del semáforo, sino por nuestra actitud, positiva, ordenada y disciplinada. Vender el Ferrari, a un precio de oro, vale la pena. “Las pequeñas victorias conducen a las grandes victorias”. Gracias Julian.