Difícil disyuntiva

Santiago Armijos Valdivieso

Los días pasan inexorables en medio de la terrorífica pandemia y repetidamente escuchamos noticias: penosas, lamentables y desgarradoras, que anuncian el viaje de amigos, vecinos y conocidos hacia  el reino del silencio infinito como resultado de los embates del perverso virus.

Estos dolorosos acontecimientos que al inicio de la pandemia los veíamos tan lejanos a nuestra ciudad de Loja, lamentablemente han llegado para reproducirse a diario e imponer el reino del terror y de la impotencia.

Terror, que se torna más grande y espantoso por los limitados recursos sanitarios, humanos y económicos con que cuenta la urbe para enfrentar los zarpazos de la monstruosa enfermedad: las camas de las unidades de cuidados intensivos están saturadas de dolientes, los aparatos de respiración artificial son contados y las pruebas para detectar la enfermedad no son de fácil acceso.

Este dantesco panorama se agrava por la escalofriante situación económica generada por la paralización de actividades que impide a muchas personas llevar el pan de cada día a sus hogares.

El tema es tan difícil que nos tiene acorralados en la macabra disyuntiva de escoger entre una pérdida mayor de vidas humanas o el desempleo, la pobreza extrema y el caos social.

Para superar la grave disyuntiva, las autoridades nacionales y locales han tomado, en las últimas semanas, varias decisiones encaminadas a flexibilizar las restricciones sociales impuestas al principio de la pesadilla. Sin embargo, y más allá de las buenas intenciones que ello conlleva, dicha flexibilización no ha logrado buenos resultados, dado que, por un lado, se ha producido un incremento notable de contagios y de muertes; y por otro, no se ha logrado reactivar, significativamente, la estrangulada economía de la ciudad.

Aunque el problema resulta complejo, hemos de aceptar que para enfrentarlo adecuadamente, las resoluciones gubernamentales deben ser revisadas en forma constante y no estar escritas en piedra, ya que el espeluznante rostro de la pandemia cambia a diario.

Dicho esto, y dado que el incremento de contagios ha crecido peligrosamente en la ciudad de Loja y el aislamiento social no está siendo respetado como corresponde, las restricciones deben ser más rigurosas: empezando por prohibir temporalmente las reuniones sociales, el expendio de licores, la operatividad de actividades suntuarias y la eliminación masiva de salvoconductos de movilización, salvo contadísimas singularidades. A ello habría que agregar la obligatoriedad de que los empleados públicos y privados laboren mayoritariamente mediante la modalidad de teletrabajo, dejando el trabajo presencial para casos extremamente necesarios.

Por otro lado, sería de enorme ayuda para la economía local que el Municipio de Loja, con apoyo del Gobierno Nacional, desarrolle y ponga a la orden de artesanos, profesionales, comerciantes minoritas y prestadores de servicios en general, una adecuada plataforma digital que facilite el contacto con los usuarios, mediante previas citas y, en ciertos casos, con atención a domicilio, lo cual, facilitaría el necesario distanciamiento social.

A la fecha, aplicaciones privadas locales lo vienen haciendo eficazmente, ejemplarmente y con excelentes resultados tanto para proveedores como para consumidores en lo que se refiere a la adquisición de bienes (especialmente comestibles), pero su alcance no se extiende a servicios de artesanos, profesionales y comerciantes menores, quienes también necesitan trabajar con separación sanitaria.