Santiago Alejandro: infatigable defensor de las causas nobles

Numa P. Maldonado A.

Santiago Alejandro Ojeda, hombre generoso, amable en sumo grado, carismático y jovial, extraordinario luchador por las causas nobles, querido compañero y gran amigo, católico practicante, además de maestro universitario y exitoso empresario, el pasado lunes nos abandonó terrenalmente luego de soportar con entereza los asedios de esta terrible pandemia que asola a todo el orbe. Como presidente y líder indiscutible de nuestro gremio de jubilados de la Universidad de Loja, nos acompañó durante más de una década como presidente gremial, dedicado a tiempo completo y con bienes y persona a defender la causa de nuestros derechos conculcados. Su deseo, siempre manifiesto, fue retirarse de la dirección clasista una vez que la injusticia de la cuestionada justicia nacional dé la razón a nuestros por demás justos reclamos frente a la supresión de pensiones jubilares desde la administración universitaria anterior y burlados una vez más en la actual.

En este larguísimo trámite de argumentos jurídicos, apelaciones, argucias de todo cariz, compra de consciencias, crueles engaños y exabruptos, Santiago, con su sorprendente paciencia y serenidad, propios de su envidiable talante flemático, representó nuestra mejor bandera de lucha. Estudió el proceso como afamado jurista sin serlo y convencido como el más de la legalidad del reclamo clasista nunca perdió la fe. Como gran líder, al contrario, siempre nos dio ánimo y alentó; logró que nuestro pequeño grupo de septuagenarios, con más de un tercio de desaparecidos, muchos de ellos por falta de recurso económicos para defender la salud, recobrara la esperanza y estrechara filas a través de la amistad y solidaridad. Las reuniones de Navidad, acompañadas de singulares presentes; las veladas musicales, las sesiones mensuales con auditorio lleno…, fortalecieron el compañerismo. Publicó informes y noticias sobre lo fundamental de la historia del largo vía crucis del proceso de reclamo, en un periódico de aparecimiento temporal, donde fue él, precisamente, el principal redactor y editor; se presentó en la TV y radio; viajó a Quito, con un mínimo de ayuda económica, para realizar diversas gestiones; nos representó en muchos eventos clasistas; presidió fallidas reuniones de conciliación con las autoridades universitarias; realizó múltiples encuentros en su casa, donde siempre nos brindó un generoso aperitivo, y a su estudio particular lo convirtió en una oficina prácticamente dedicada con exclusividad a atender las múltiples demandas de sus compañeros jubilados… Por fin, cansado de soportar tantos engaños, recurrió a la Corte Constitucional, donde la instancia judicial avanza a ritmo alentador, hoy más nunca animada con el sutil pero poderoso impulso del noble y generoso espíritu de Santiago, desde la eternidad.

En esta triste hora de despedida, pero también de sincera gratitud para un gran compañero y amigo, y un extraordinario ser humano, unimos nuestro abrazo solidario a los más de 50 mensajes de pesar de los colegas jubilados que aparecen en WhatsApp, dirigidos respetuosamente a su distinguida esposa Doña Zoila Matamoros Paz y a sus hijos, nietos y bisnietos. Querido Santiago: descansa en Paz.