Lo fugaces que somos

Ruy Fernando Hidalgo Montaño

La pandemia que asola a toda la humanidad, nos ha enfrentado sin siquiera imaginarlo con absoluta crudeza con la fugacidad de nuestra existencia y la de nuestros seres queridos. En este 2020, todos hemos sufrido dolorosas pérdidas de parientes y amigos, eso ha sido un llamado general de atención para meditar sobre la fragilidad de nuestro pasar por este mundo, dimensión, o como quieran llamarlo. El caso es que nos ha puesto cara a cara con la muerte como nunca antes ocurrió ni en guerras, ni catástrofes de las que tengamos memoria.

Si todos los seres humanos tomáramos conciencia de la brevedad de nuestro paso por este mundo, con seguridad muchas cosas cambiarían para bien, no postergaríamos tanto asunto pendiente, le haríamos más caso a los sentimientos y los expresaríamos con sinceridad sin tanto calculo simplemente diríamos lo que nos dicte la mente y ese musculo maravilloso de nuestro cuerpo que se agita de emoción y late más lento cuando estamos tristes, como dice Tito Fernández en una de sus extraordinarias interpretaciones “esa masa colorada que se llama corazón”.

Sin embargo, ahora no ocurre así, actuamos como si nos fuésemos a perpetuar en esta vida, aplazamos los afectos, los abrazos, pos fechamos visitas, aliento a un amigo que está pasando por momentos difíciles, la frase más común es, “mejor en otra ocasión lo haré”, como si tuviésemos la exacta garantía de que vamos a estar allí mañana. Nos negamos a comprender que somos polvo que camina, y entonces viene alguien todo poderoso que maneja los hilos de nuestra existencia y nos hace aterrizar a veces de manera dolorosa, nos da lecciones de humildad como diciéndonos ilusos ¿No se dan cuenta que son tan frágiles como un segundo?

Viene a mi mente una historia que viene al caso, y que voy a compartir con ustedes. En la India había un científico muy famoso y sobresaliente, un colega suyo de Estados Unidos se mostraba muy interesado en conocerlo, tanto así que viajo al lejano país oriental con el solo propósito de conocer al eminente hombre, al llegar al lugar donde vivía se sorprendió grandemente al ver que aquel célebre personaje habitaba un cuarto súper humilde, en el que solo había una mesa, una silla, una cama, una máquina de escribir, y su ropa en un estrecho closet. El norteamericano absorto le pregunto ¿En dónde están tus muebles? El hindú le contesto, ¿En dónde están los tuyos? El norteamericano le dijo es que yo estoy de paso por aquí, el hindú le dijo yo también estoy de paso por eso tengo lo que necesito y nada más, estoy de paso por el mundo y trato en lo posible de hacer algo por los demás por este motivo despierto cada día como si fuera el ultimo e intento no dañar a nadie y con eso soy feliz.

Esta verdad tan grande como la copa de un pino es la que nos resistimos a comprender y si lo hiciéramos, con seguridad nuestro entorno sería mejor, si nos diéramos cuenta lo fugaces que somos. Cada tragedia que ocurre a nuestro alrededor como que nos despabila y nos sensibiliza un poco, pero luego de que pasa la impresión, volvemos a lo mismo o sea a pensar en el futuro a hacer planes visionarios y siendo por lo general únicos beneficiarios de los mismos, y para nada recordamos lo fugaces que somos.