La familia

Siempre he pensado que cuando vienen tiempos difíciles, de tempestad y bruma. No hay mejor apoyo, refugio, consuelo y amparo que la familia, al menos en mi caso ha ocurrido así y me siento muy afortunado por ello.

Mi madre, una de mis mejores maestras, en esto de enseñar con el ejemplo como es la vida, solía decirme que, en época de vacas flacas, es donde se dimensiona más la solidez, o la debilidad de la familia. Puesto que si ante el menor inconveniente, cada cual toma un rumbo distinto, posiblemente esa familia, no tenía ese ingrediente maravilloso que busca siempre el bienestar de todos sus miembros, ese condimento mágico, por el que una madre se despoja de su propio bocado de comida, con tal de que su hijo se alimente, ese ingrediente tan básico es el amor. El que permite que todos los componentes de un clan familiar, se mantengan juntos, poniendo el pecho a las balas, en pasajes críticos de la existencia. Ventajosamente este tipo, son mayoría en nuestra ciudad, y por qué no decirlo en el país.

Yo personalmente he experimentado la grandiosa bendición de contar con una familia increíble que nunca me ha abandonado en todos mis momentos. Quiero aprovechar este espacio, para manifestar mi inmensa gratitud, en primer lugar, a Dios, por concederme la familia que tengo, por la suerte y la dicha de haber tenido una madre ejemplar, que nos inculcó a mis hermanos y a mí, valores morales, que nos han servido de mucho en nuestra vida. También, por mis hermanos, que me dejaron magnificas enseñanzas, cuando tuve su presencia física, y que aún perduran, cuando ahora habitan el infinito.

Una vez, un tío mío, muy inquieto por mi porvenir, le preguntó a mi madre, que si había pensado en lo que sería de mi después de la muerte de ella. A lo que mi mamá respondió. “Mira podré desaparecer yo. Pero Dios jamás muere, y estoy segura de que habrá una mano tendida para ayudar a mi hijo”. Esa sabia sentencia, hasta ahora se ha cumplido, ya que cuento con el invalorable respaldo de mis sobrinos, Pablo y Andrea, quienes son mi soporte y apoyo en mi camino temporal por este mundo, ancho y ajeno, por el que pasamos todos.

He tenido primos maravillosos que no quiero nombrar uno a uno por temor a omitir algún nombre, de quienes quiero tanto. Claro que como humanos que somos, tenemos desacuerdos a veces por pequeñeces, pero en tiempos de gravedad real, salimos por los fueros del llamado de la sangre y del amor filial.

Supongo que la inquietud de mi tío, ahora está despejada. Y mi madre en el cielo contenta con la familia que supo formar, quienes, a pesar de los avatares del destino, continuamos juntos, me he referido solo a mi familia, porque de ella puedo hablar, pero seguramente, cada persona que lea o escuche, este modesto comentario, tendrán su propia historia. Si usted, no se siente satisfecho con la familia que tiene, trate de cambiarla ¿Eso también es revolución, no cree? Y si por suerte tiene una familia ideal, dele gracias a Dios por favorecerlo tanto.