La vacunación, un proceso cuesta arriba

Hablando de la pandemia COVID-19, los entendidos dicen que se logra la inmunidad de grupo si al menos se vacuna a un 70% de la población con cualquiera de las dosis ofertadas. Así se podría retornar a la normalidad.

La proyección realizada por el INEC en el año 2019 estableció que la población del país se acerca a los 17,3 millones de habitantes. De ese total y tomando en cuenta grupos etarios de 18 años en adelante, tendríamos 12’055.867 personas, que precisamente están contempladas por el Ministerio de Salud Pública, y que son los mismos grupos en los que se realizaron estudios científicos (ensayos clínicos) por parte de las casas farmacéuticas.

Si de este grupo objetivo se deduce el 70% estaríamos bordeando nueve millones de personas a las cuales habría que vacunar para lograr aquella inmunidad.

El Presidente electo, Guillermo Lasso, ha declarado reiteradamente que la prioridad de su gobierno es “vacunar a 9 millones en 100 días de Gobierno”. Ese número mágico que, según historiadores, se trata de “un margen de días (100) que se remonta al New Deal del Presidente Franklin D. Roosevelt en 1933, cuando creó un plan de choque ante la Gran Depresión de Estados Unidos”.

La sincera aspiración del Presidente electo, consciente que sin la solución a este grave problema no puede haber desarrollo productivo y generación de empleos, entre otros aspectos, es un propósito “cuesta arriba”. Con su equipo técnico, a la cabeza su vicepresidente, Alfredo Borrero, tienen que adoptar iniciativas y elaborar una planificación sobre bases ciertas, como al parecer está ocurriendo, porque el Plan del que se nos habló hace meses “solo estaba en la cabeza del señor ministro”, en referencia a Juan Carlos Zevallos, como reconoció el presidente en funciones. Es decir, resultó el cuento del gallo pelón.

La situación de la pandemia que estamos padeciendo nos llena de zozobra y honda preocupación. El Ministerio de Salud reporta que la cifra de contagios ascendió a 400.296 positivos y que el número de fallecidos llegó a 13.997 decesos confirmados por la enfermedad. Este es el desolador panorama que debe estar minando la tranquilidad de Guillermo Lasso.
Sin embargo, de esta cruda realidad nos está demostrando capacidad de gestión y optimismo para el logro del gran objetivo que se ha propuesto, y que es una necesidad urgente de los ecuatorianos. En ese sentido, lo hemos escuchado referirse a dos tareas inmediatas: emprender la diplomacia de la vacuna, como la ha denominado, para poder contar con las dosis que se necesitan, sin lo cual nada será posible; y, valerse de la implementación y logística que fueron aplicadas por el CNE en el último proceso electoral, a fin de agilizar el proceso y evitar aglomeraciones y maltratos como los propiciados a los adultos mayores.
En cuanto a esta alternativa, para el proceso electoral reciente los votantes fueron repartidos en 4.276 recintos a nivel nacional.

Si pensamos en la posibilidad de cinco estaciones de vacunación, en promedio, por cada recinto, se necesitarían unos 42.760 vacunadores. Cabría, entonces, convocar a la gran minga sanitaria nacional, integrada por enfermeros y enfermeras, estudiantes de Medicina y otras ramas afines de universidades e institutos tecnológicos, para que con el mismo espíritu solidario, convicción de servicio y profunda fuerza humana, demostrados por quienes laboran en primera línea en hospitales y clínicas del país, contribuyan al noble objetivo de posibilitar que los ecuatorianos nos reencontremos en el cálido abrazo y que el país retorne a la normalidad.