El suelo, clave para el desarrollo sostenible de nuestro planeta

“Sin los suelos y su biodiversidad, no existiría vida, porque la calidad de nuestra alimentación depende mucho de la calidad de nuestros suelos”. María Maldonado (2021).

El suelo, es un recurso natural muy esencial para el sostenimiento de nuestras vidas. Nos proporciona nutrientes, agua y minerales para las plantas y árboles, almacena carbono y es el hogar de miles de millones de insectos, pequeños animales, bacterias y muchos otros microorganismos. Sin embargo, la cantidad de suelo fértil en nuestro planeta ha ido disminuyendo a un ritmo alarmante, lo que compromete la capacidad de los agricultores de cultivar suministros para alimentar a una población mundial que, debería alcanzar los ocho mil millones al 2050. La tierra saludable alimenta al mundo. El suelo es donde empieza la alimentación, está compuesto como lo mencioné anteriormente de minerales, agua, aire y materia orgánica, proporciona el ciclo de nutrientes primarios para la vida vegetal y animal y actúa como base para la alimentación, combustibles, fibras y productos médicos, así como para muchos servicios ecosistémicos esenciales. La degradación del suelo es un proceso silencioso, pero tiene enormes consecuencias para el futuro de nuestros habitantes. Alrededor de un tercio de los suelos del planeta se enfrenta a una degradación entre moderada y grave. El suelo, como el petróleo o el gas natural, es un recurso finito, es un recurso natural no renovable, su pérdida no es recuperable en el marco de tiempo. Un centímetro de suelo puede tardar cientos de miles de años en formarse desde la roca madre, pero este centímetro de suelo puede desaparecer en el plazo de un año a través de la erosión. Las malas prácticas agrícolas, laboreo intensivo, eliminación de la materia orgánica, irrigación excesiva utilizando agua de mala calidad y el uso excesivo de fertilizantes, herbicidas y pesticidas, agotan los nutrientes del suelo más rápido de lo que son capaces de formarse, lo que lleva a la pérdida de la fertilidad y a la degradación de los suelos. Algunos expertos afirman que el número de años de cobertura del suelo restante en el planeta es comparable a las estimaciones de reservas de petróleo y gas natural. El suelo constituye la mayor reserva de carbono orgánico terrestre, más del doble de la cantidad almacenada en la vegetación. Además de ayudar a suministrar agua potable, evitar la desertificación y proporciona resiliencia a las inundaciones y sequías, mitiga el cambio climático a través del secuestro de carbono y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. El suelo alberga la cuarta parte de la diversidad biológica del planeta. Hace poco que hemos empezado a pensar en la biodiversidad del suelo como un recurso que necesitamos conocer. Invertir en la gestión sostenible de los suelos tiene sentido económico, social y ambiental. La gestión sostenible del suelo cuesta menos que la rehabilitación o la restauración de las funciones del suelo. Para sustituir el método agrícola ancestral de cultivos de corta y quema, que había dado lugar a la disminución de la humedad y la fertilidad, se debe realizar proyectos que se centren en el suelo, el agua y los recursos biológicos para revertir el proceso de degradación del mismo, para de esta manera mejorar los medios de vida y la seguridad alimentaria de nuestros habitantes. La buena gobernanza del suelo requiere acciones en todos los niveles, de los gobiernos y sus habitantes, en la promoción de la gestión sostenible de los suelos. Como reflexión quiero mencionarles que “el Suelo no es herencia de nuestros padres sino préstamo de nuestro creador, porque sólo cuando el último árbol esté muerto, el aire contaminado y el último río envenenado, nos daremos cuenta de su valor”.