Reinventarse

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Reinventarse es moda. Algunos buscan hacerlo por crecimiento profesional, o por estrategia de negocios.  Pero, hay quienes llegan a la reinvención por obligación, como en mi caso. A mí me la sugirieron y aunque había escuchado del “famoso reinventarse”, nunca en realidad me paré a pensar qué significaba.

En esos tiempos, que vivía un alud de acontecimientos trágicos en mi vida, cuando alguien con tono compasivo me decía, “tienes que reinventarte”, pensaba en cambios de trabajo, domicilio, pero jamás, en mudar de pensamiento. 

Mas, solo con el paso del tiempo, comprendí que “reinventarse” es un ejercicio constante de transformación, se trata de cambios de alto impacto en la vida y por lo general, se hacen con acompañamiento.

Esa reinvención tiene como esencia el crecimiento personal, es por esto, que jamás podríamos conseguirlo, aferrándonos a viejos patrones de comportamiento, con creencias inconscientes y conscientes limitantes y que nos destinan a seguir instalados en el mismo lugar sin opción a crecimiento, —en el mejor de los casos—, y en otros, propiciándonos situaciones de retroceso, procesos dolorosísimos que consumen la vida.

En mi caso, todo empezó con una pérdida importante, donde todas las estructuras que había construido durante años se vinieron abajo, esto es hogar, trabajo, amistades.  Fueron años de descender sin encontrar fondo.  Hasta que desperté mi lado espiritual, porque este es esencial en el proceso de transformación.  Tanto la voz interior como la intuición ayudan de una forma determinante.

Creo que el proceso puede tardar años, si no hay: amor propio, confianza en uno mismo y en la vida.  Algunos lo llaman coraje, yo le digo, fe en nosotros.  Si, a más de lo mencionado, no se cuenta con guía, se tarda en ver resultado.

En mi caso, demoré, tuve lutos y lutos, recaídas y tardé en sanar; porque todo lo quería hacer sola.  Pensé que nadie podía comprenderme, abrazaba mis dolores, para ocultarlos, por no sentirme vulnerable.  Finalmente, tuve que reconocer que había que sanar, y paradójicamente, este fue el primer paso.

Tuve cuatro momentos fundamentales, un primer momento: aprendiendo a sentir por mí misma, dónde dolía más emocionalmente, en un segundo momento: aprendí las técnicas para atravesar el dolor y enfrentar el miedo.  En un tercer momento: el desaprender, ir soltando creencias limitantes y sustituyendo por otras, como quién siembra con la esperanza de cosechar.  Y un cuarto momento: en función de lo anterior, crear una realidad, haciendo cuenta que ya soy esa nueva versión de persona que aspiro.  Esto es reinventarse, yo lo hice.  Ahora, ayudo a que otros lleguen a eso con mi acompañamiento y mi receta de “Realización” —le dicen—.