Mujer, ayer y hoy

P. Milko René Torres Ordóñez

La palabra “mujer “, que proviene del latín “mulier”, podría llevarnos a suponer que expresa un signo de debilidad de género. Sin embargo, la Sagrada Escritura invita a destacar otros valores, tan fuertes e importantes: tomar conciencia de su dignidad innata y el respeto que se merece por el hecho de haber sido creada a imagen y semejanza de Dios. Valora su dimensión de “persona”, y excluye el criterio de “posesión”. Es ayuda, compañera, soporte, fortaleza en el hogar, en el trabajo, en la Iglesia, en todos los ámbitos de la sociedad, y de la vida.

Para el Papa Francisco, “la mujer aparece en el ápice de la creación, como resumen de todo lo creado. De hecho, ella contiene en sí el fin de la creación misma: la generación y protección de la vida, la comunión con todo, el ocuparse de todo. La mujer manifiesta que el significado de la vida no es continuar a producir cosas, sino tomar en serio las que ya están. Sólo quien mira con el corazón ven bien, porque saben “ver en profundidad” a la persona más allá de sus errores, al hermano más allá de sus fragilidades, la esperanza en medio de las dificultades, a Dios en todo. La mujer es donante y mediadora de paz y debe ser completamente involucrada en los procesos de toma de decisiones. Porque cuando las mujeres pueden transmitir sus dones, el mundo se encuentra más unido y más en paz. Por lo tanto, una conquista para la mujer es una conquista para toda la humanidad”. El ejemplo más claro para profundizar en el ser y actuar de la mujer en el mundo de hoy lo encontramos en María, Madre, Mujer Maestra. En su silencio dinámico. Eficaz. Constructor. Crítico. Misionero. La figura y la imagen de María tiene un comienzo. Nunca un final. La mujer de hoy, como María, tiene vigente su razón de estar entre nosotros. Amada por Dios, llamada a desarrollar su vocación a la santidad desde su infancia, dedicada a amar y servir. A desarrollar su fecunda maternidad en la vida de hogar, con su esposo José y su hijo Jesús. La Historia de la Salvación es específica cuando nos recuerda el protagonismo de la mujer. Por ella, por María, entramos a formar parte del plan de amor divino, a través de Jesús. La mujer de hoy, como María, peregrina de Dios y de la Palabra, es el eje sobre quien giran muchas estructuras y realidades. Con ella, los hombres, renuevan su espiritualidad, su intimidad, su ser auténtico. Compañera de alegrías, camino de sueños, canto de victorias, ella, la mujer, tiene un espíritu fuerte. Su capacidad para hacer realidad los sueños imposibles, permite que la vida nos lleve a entender que podemos trazar puentes de fraternidad, de paz y unidad. El texto hebreo de Proverbios 31 dice: “Mujer valiente, ¿Quién la hallará? Porque su valor pasa largamente a la de piedras preciosas.
El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo.
Ella le dará bien y no mal, todos los días de su vida”.